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Una de las míticas rutas que atraviesan el contienente africano es la línea imaginaria que une El Cairo con Ciudad del Cabo. En una epoca incluso se pensó unir las dos ciudades por una vía ferroviaria. Hace unos años tuve la suerte de hacer por tierra este viaje y era inevitable que en la “Llamada de África” visitasemos este punto geográfico. Hoy viajamos hasta la región del “cabo de las tormentas”.

Ciudad del Cabo es una urbe moderna, dinámica, con ambiente juvenil y jovial, al menos, a primera vista.

Hasta 1487 históricamente se desconoce mucho de su historia. Pero, en esta fecha, el navegante Bartolomé Díaz llegó por estas regiones de África dando cuenta de ello en sus libros de navegación. Siguiendo la costa más al sur hasta su extremo, daría nombre al cabo que allí se encuentra, bautizándolo como cabo de las Tormentas. No es difícil imaginar el porqué de dicho nombre.

Y si hoy lo conocemos por cabo de Buena Esperanza, es debido a la intervención posterior del rey regente, por entonces, de Portugal, Juan II, quién lo rebautizó de este modo debido a que este descubrimiento daba por hecho la existencia de un paso hacia oriente. Buena Esperanza, o lo que es lo mismo en este caso, buenos negocios para el comercio marítimo.

En Main Road, en el centro de la ciudad encontraremos alojamientos variopintos adecuados para todo tipo de bolsillos. En esta calle principal se arremolina el latir de la ciudad. El ambiente es cosmopolita y su vida nocturna hará las delicias de los más exigentes.

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Cuentan, cómo algo excepcional, que en Ciudad del Cabo por cada hombre hay siete mujeres. Y si desde luego debo opinar por lo que vi en sus calles, tal vez no sólo no estén exagerando sino que se estarían quedándose cortos. La calle rebosa de ritmo de ires y venires de hombres y mujeres engalanados con ropa a la última moda. Main Road está colmado de locales “fashion”, de colores marcados y estridentes.

Me costaría definir a Ciudad del Cabo comparándola con otra urbe. Tal vez el ambiente de Amsterdam tenga algún nexo de unión, quizás algún reflejo de Nueva Orleáns, pero sin duda, esta cuidad late con un sentido único, un estilo diferente.

Pero si hay algo que la hace especial frente a otros lugares del mundo, es su geografía escarpada. La península consta de una escarpada cadena montañosa que sobresale en el Océano Atlántico y termina en Punta del Cabo (Cape Point). Desde aqui disfrutaremos de una impresionante vista del océano. Dentro de la ciudad existen más de trescientos picos que superan los trescientos metros.

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Como un muro que protegiese a la ciudad, en medio, ocupando gran parte de la línea de su horizonte aparece el Monte Mesa. Su meseta alcanza el kilómetro de altura y forma una depresión dramática hacia la cuenca de la ciudad. “Table Montain”, como se le denomina en inglés, está rodeada de acantilados verticales de un verdor intenso: El Pico del Diablo y la Cabeza de León. En muchas ocasiones las nubes cubren la cumbre con una peculiar forma horizontal.

Para los amantes del vino esta región resultará muy interesante. Hay gran número de bodegas y desde la ciudad parte una ruta completa para el enoturismo. Los más atrevidos deben partir en busca de los tiburones blancos, especie que recorre estas costas. Bucear con esta “fiera” de los mares, puedo aseguraros que es una experiencia que no olvidaréis en vuestras vidas.

Por último, no podríamos finalizar nuestro viaje por esta región de Sudáfrica sin acercarnos a su historia más amarga. Existe un lugar que especilamente nos sumergirá en los recovecos de ese pasado, ese lugar es Robben Island. En ferri recorreremos los 12 km que separan esta isla, de tan solo 1 km de diámetro, del continente. En la prisión que se localiza en este paraje fue donde Nelson Mandela pasó encerrado 18 años de su vida. Otro líderes políticos de apartheid también conocieron sus estrechas celdas.

Imágenes | cyberdees, FromJoanne, Víctor Alonso
En Diario del Viajero | La llamada de África

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