Instantáneas de California: ¿qué pasa cuando mezclas hipsters y quesos? Almorzando en Mision Cheese

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Uno de los barrios más modernillos y gafapastas de San Francisco es Mision, concretamente Valencia Street, como ya os adelanté en Instantáneas de California: esos modernillos que beben en botes de conservas y una tienda de piratas que solo vende cosas de mentira. El concepto hipster también salpica, en consecuencia, los restaurantes y cafeterías de la zona.

Y ¿qué ocurre cuando mezclas hipsters y quesos? La respuesta es Mision Cheese, en el 736 de la calle Valencia, un local fundado por Sarah Dvorak, una hipster de pura cepa devoradora de quesos. Un lugar edénico para Wallace y Gromit.

En una entrevista, Dvorak explica el concepto de su establecimiento:

Se centra en el movimiento estadounidense de queso artesanal. El queso se cortará para ordenar, pero será menos una tienda de víveres y habrá más interacción social, en donde la gente podrá venir a pasar el tiempo y degustar. Tendremos 45 quesos, sándwiches de Della Fattoria, macarrones con queso, raclette, verdura mixta, y finalmente cerveza y vino.

Yo me hice con una tabla de quesos de California. También probamos la Alotta Burrata. Y, por supuesto, el agua filtrada que bebimos se sirvió en mason jars, los condenados e incómodos botes de conservas de los que ya os hablé aquí.

Y nos sirvieron estos panes en rodajas y unos pepinillos para acompañar. Cada queso tenía su propio cuchillo. Y la mayoría de gente que nos rodeaba vestía entre moderno y bohemio, y con grandes gafas de pasta.

En definitiva, un lugar ideal para queseros del mundo con ínfulas gafapastosas. (No caeré en el tópico de decir que es un lugar ideal para ratones porque los ratones, a pesar de lo que se dice por ahí, no son especialmente amigos del queso: los ratones prefieren alimentos con cierta concentración de azúcar, como fruta o grano. Además, su buen olfato hace que los intensos aromas que emiten los quesos les resulten un poco repelentes).

También cabe saber que la Asociación Quesera Británica reconoce, según un estudio de 2005, que comer un poco de queso antes de dormir no produce pesadillas sino sueños plácidos. Muchos sueños, eso sí. Y dependiendo del queso, soñaréis una cosa u otra.

Lo explica con detalle John Lloyd en El nuevo pequeño gran libro de la ignorancia:

El queso cheddar provocó sueños sobre personajes famosos, y el queso rojo de Leiscester evocó recuerdos infantiles. Por su parte, las personas que comieron queso de Lancashire soñaron con el trabajo, mientras que el queso de Cheshire no inspiró sueños en absoluto. También parece que hubo diferencias de género: el 85 por ciento de las mujeres que habían comido stilton dijeron haber soñado con cosas extrañas, como muñecos de peluche que hablan, cocodrilos vegetarianos o invitados a una fiesta que eran intercambiados por camellos.

En Diario del Viajero | Instantáneas de California
Fotos | Sergio Parra

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