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India, Holi

A unos kilómetros de Mathura, aunque en coche por estas carreteras esto puede suponer horas, llegamos a Falen. Un pequeño pueblo donde no hay turistas, a nuestro chófer le cuesta encontrar el camino ya que para acceder hasta el pueblecito lo hacemos por un camino de cabras…o casi.

Esta pequeña población se va llenando según pasan los minutos, la gente llega en sus motos, donde cabe toda la familia; padre conduciendo,niña delante, madre detrás y entre ella y su padre otro pequeño, en camiones, burros, bicicletas, carros tirados por bueyes y andando, como no.

En la polvorienta entrada del pueblo comienza a formarse una romería, mujeres y hombres con sus puestecillos de comidas venden desde algo parecido a nuestros churros a dulces de todos los colores, golosinas, los niños se acercan hasta una feria con columpios y norias, es un hervidero de personas, animales, polvo y olores.

Salimos del coche y comienzan a rodearnos, nunca me he sentido tan observada como aquí, somos raros, muy raros, blancos, mujeres con pantalones y eso que yo llevo un pañuelo al uso hindú para no llamar mucho la atención, nos hacen miles de fotos con el móvil cerrándonos cada vez más el circulo, casi no veo lo que hay detrás de ellos, vamos, no veo nada más que cabezas morenas de pelo liso.

El asedio es tal que no puedo pasear por las calles de Falen, me persigue una corte de muchachos móvil en mano con mucha curiosidad, me dicen cosas que no entiendo, se ríen… no puedo disparar una foto sin que salga alguno de ellos por medio, me enfado y vuelvo a el patio de la casa donde nos han acogido, a nosotros y a nuestro coche con el chófer.

En esta casa se reúnen varios hombres al rededor de una mesita, están bebiendo chai. Las mujeres se asoman tímidamente de otro patio más pequeño, al otro lado de la casa, están limpiando ropa, pero dejan sus tareas para conversar con nosotras. Son amables y divertidas, creo que están alucinadas con el jaleo que hemos levantado nosotros, los turistas.

India, Holi

Tras beber un poco de coca-cola caliente decido salir de nuevo, las calles son de colores vivos, los patios de las casas alucinantes. Casi nadie me sigue, les han debido echar la bronca, aprovecho para fotografiar todos esos colores. Uno de mis amigos, Luci, me acompaña evitando que se me acerquen demasiado los muchachos, esto de tener un hombre al lado es casi necesario en este país para según que cosas.

Y mirando dentro de las casas, nos invitan a tomar Chai, el té con leche y especias que es la bebida nacional en la India. Es de color verde y no nos atrevemos a beberlo, no vaya a ser que nos pongamos malos del estómago. No se como nos entendemos con ellos, pero nos ofrecen una manguera para lavarnos la cara, llena del color que se reparte en el Holi.

Más tarde regresamos a el patio-refugio, nos ofrecen una pastilla de jabón para terminar de lavarnos la cara y las manos en una fuente antigua, de esas que tienen una palanca para bombear el agua del pozo…otra vez se organiza un “tinglaó” al rededor de la puerta del patio…están viendo como una mujer se lava ¡la cara! en púbico, esto es increíble.

De allí volvemos a la plaza, que ya se está llenando de gente lista para la celebración, estamos embadurnados de polvo de colores. Las autoridades del pueblo, que saben de nuestra llegada y advierten al resto del pueblo que no nos molesten, nos indican en qué tejado debemos colocarnos para verlo todo y poder fotografiar sin problemas. No hay ni una sola mujer en el suelo, todas están en las azoteas de las casas.

Poco a poco va subiendo la temperatura sobre el suelo, la gente baila y canta, tira polvo de colores, aparecen las comparsas y los estandartes formados por flores y papeles de colores, todo se vuelve rosa, amarillo o verde. Hay momentos que la nube de polvo amarilla o rosa lo cubre todo y no se ve nada, es como si la niebla de color lo tapara todo.

No sabemos como vamos a bajar del tejado, cada vez los hombres están más histéricos, o borrachos o…. En estas fechas recomiendan a los turistas no beber nada de alcohol, ningún brebaje hecho aquí es bueno, suele ser un destilado de no se sabe qué por el que mueren muchos en estas fiestas debido a comas etílicos y el frío de la noche.

Color, color y más color, cánticos o rezos, palmadas y bailes, pero ninguna mujer en el suelo, por algo será. No vemos la manera de llegar al coche y cuando lo hacemos nos refugiamos dentro casi con miedo a lo que nos pueda suceder, hasta el chófer está asustado. La marabunta de hombres excitados y ebrios nos hace dudar de nuestra seguridad, pero al final no pasa nada yo me refugio entre las mochilas del coche, no quiero ni establecer contacto visual con ninguno, no vaya a ser que les de por romper los cristales del coche.

Nos vamos de allí. Ahí quedan ellos, celebrando. Volvemos a Mathura a la tranquilidad de nuestro hotel, a ducharnos, cenar tranquilos y reponer fuerzas, que falta nos hace después de tantas emociones. Ha sido muy bonito, pero duro al principio, lo mejor es saber que solo estábamos nosotros allí, que aún no ha llegado ningún turista a descubrir este colorido pueblito.

Caminos de India

1. El Kumba Mela
2. De Haridwar a Rishikech
3. Rishikech y la meditación
4. Mathura
5. Barsana

Imágenes | Alicia Sornosa y Antonio Mulero

En Diario del Viajero | India

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