Sigue a Diariodelviajero

m

Mucha gente me pregunta lo mismo cuando se enteran de que voy a viajar a Asia Central en una BMW GS 1200 del 2013. Para los profanos comentar que esa motocicleta es una revolución tecnológica dentro de la famosa marca. Una reconstrucción total de su modelo estrella: la GS 12000, superventas de la marca y representante estelar de la célebre saga Gelande & Strasse de grandes motos todo terreno cuya leyenda comenzó en los primeros rallyes Paris Dakar de los ochenta. BMW se la juega con un novísimo motor boxer de refrigeración líquida, totalmente inédito en un diseño que en lo esencial lleva funcionando del mismo modo desde los años veinte del siglo pasado.

¿Cómo es que te vas con una moto completamente nueva a semejante aventura? ¿no tienes miedo de que te de problemas en medio de la nada?” Hay quien piensa que mi proyecto está tutelado por una especie de Gran Hermano BMW que cuidará al detalle que todo vaya bien, que no haya averías y que a mí me den un masaje cada tarde un grupo de bellas huríes que irán en camión de apoyo junto a un mecánico, un fisioterapeuta, un psicólogo y un entrenador personal.

Nada más lejos de la realidad. Viajo solo, a mi aire y por mis medios. De Estambul y Samarcanda, ida y vuelta, habrá unos 15.000 kilómetros y ni un concesionario de BMW ni un técnico que pueda entender el nuevo motor. Las posibilidades de asistencia en Asia son nulas. Llevo un localizador por satélite (está en mi página web) y cuento mis viajes en directo a través de las redes sociales. Si me detengo, todo el que me siga se va enterar.

Si sufro una avería mecánica, en lo personal estaré fastidiado, y en lo profesional quedaré muy tocado porque el proyecto habrá sido un fracaso y habré tirado a la basura un dinero que me ha costado mucho ganar, sin contar que defraudaré la confianza de los medios para los que trabajo y de los esponsors. El proyecto es fantástico sobre el papel, pero tiene un alto componente de riesgo. Claro que tengo miedo a que falle la moto porque nadie va a fletar un helicóptero para traerme una pieza a Kazajistán.

n

Sin embargo, no pude decir que no. Era una oferta imposible de rechazar. Todo empezó en septiembre del 2012. Yo había vuelto de dar la vuelta al mundo Ruta Exploradores Olvidados. Unos amigos me iban a hacer un recibimiento en Tres Cantos y era el cumpleaños de mi madre (75). Mi plan era volar inmediatamente después de vuelta a USA y emprender un viaje hasta Tierra del Fuego. Pero cuando fui a hacer una visita de cortesía a BMW Motorrad España, ya que me habían ayudado con la ropa y el casco, me recibió el director general para felicitarme por la publicidad que les había hecho, por los vídeos, las fotos y por la cantidad de veces que me habían entrevistado en la prensa. Nunca había hablado con él y no tenía ni idea de que estaba tan al tanto de lo que yo hacía.

Entonces comentó que iban a sacar una moto refrigerada por agua. Y que quería que la probase para demostrar que era tan fiable como la anterior GS. Yo no daba crédito y pensé que había gato encerrado, que me ofrecían meterme en una jaula de oro y que todo consistiría en hacer de modelo de pasarela sin libertad para moverme o decidir. Le pregunté. “¿Con qué condiciones y para hacer qué exactamente?”. Me respondió: “queremos que hagas exactamente lo mismo que has estado haciendo. Presenta un proyecto para una aventura de cinco meses porque saldrías en marzo y regresas en septiembre para la BMW Riders de Formigal”.

m

Semejante oferta me pareció imposible de rechazar. Que BMW Motorrad España le ofreciera eso a un humilde motorista que no tenía parientes en el sector y que simplemente decidió cruzar África en una moto vieja y escribir un libro titulado Un millón de piedras, suponía el mejor reconocimiento al trabajo que he venido realizando desde entonces. Para mí, es una pequeña conquista de la constancia, pero también creo que es un símbolo de que cualquier persona con fe en sí misma puede lograr metas que parecían inalcanzables. En mi caso ha sido conseguir viajar de modo profesional, pero para otros puede ser ir a un Dakar, llegar a Cabo Norte, escribir un libro o ascender en el trabajo.

Cada uno tiene sus objetivos, intransferibles y personales. Si mi ejemplo sirve para que alguien piense “si me esfuerzo, yo también puedo conseguir mi sueño” habrá valido la pena aunque ahora corra el riesgo de quedarme tirado en mitad de la estepa de Asia.

n

FotosMiquel Silvestre

Más en Diario del ViajeroAmérica en moto. Texas

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

2 comentarios