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Cabo Peñas: un balcón al Cantábrico

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Cabo Peñas: un balcón al Cantábrico

La costa asturiana nos regala con mil paisajes y uno de los más espectaculares es, sin dudas, el Cabo Peñas. Estábamos alojados en Avilés y salimos a conocerlo bordeando la ría.

El perfil triangular del Cabo Peñas, donde llegamos después de unos 30 minutos de manejo, ofrece un paisaje de indudable valor ecológico con la fuerte presencia de sus acantilados sobre el Cantábrico, que llegan a los 100 metros de altura sobre el nivel del mar.

En el Cabo visitamos su Faro donde hay un pequeño pero completo centro de información .

Allí se puede conocer la rica fauna marina de la zona (desde los calamares gigantes hasta los pequeños seres abisales). No se pierdan la reconstrucción audiovisual de una tormenta en altamar, causa común a muchos hundimientos y varamientos en esta zona a lo largo de los siglos.

Hay un camino que rodea el faro y nos permite asomarnos a paisajes donde la fuerza y la belleza están siempre presentes. Los 19 km2 del Cabo Peñas han sido declarados Paisaje Protegido por ley del año 1985.

Para evitar aglomeraciones turísticas habituales, y poder disfrutar de la Naturaleza a pleno, sugiero que la visita se haga en lo posible en días de semana. Si nuestro viaje nos trae aquí un fin de semana, pues elijamos venir a última hora de la tarde, donde habrá menos gente y tendremos un regalo especial: un atardecer incomparable.

Seguimos nuestro camino y pudimos ver algunos ejemplos del estilo románico rural en pequeñas iglesias de los siglos XII y XIII. Un poco más adelante llegamos pronto a Luanco. Un típico y hospitalario pueblo nacido en el siglo XIII. La captura de la ballena fue su principal ocupación entre los siglos XIV y XIX.

Luanco fue el centro de la industria de construcción de barcas de madera o “de ribera” y aquí se ubicaban los principales talleres artesanales. No dejamos de asomarnos a su pequeño puerto pesquero y sus barcas de colores, para respirar el mismo aire salado de aquellos balleneros.

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