El formato de guía Lonely Planet es a mi parecer el más sencillo y práctico para el viajero de medio y bajo coste que se mueve entre los 20 y 30 años o quien quiera que se sienta joven y todavía este para el trote del autocar, el tren, la litera y el dormitorio.
Los comentarios en la guía tratan de ser lo más personales posibles y con un lenguaje directo. La guía se declara 100% independiente con las marcas turísticas. No obstante, debido a la gran popularización de la misma incide irrevocablemente en el futuro de los hostales, restaurantes o bares que critica o glorifica. No es extraño encontrarse por ejemplo en Vietnam un restaurante con un cartel gritando “Recommended by Lonely Planet” más grande todavía que el mismo nombre del local. ¿Quién puede asegurarnos que los precios en el menú no habrán cambiado desde entonces?
Una Lonely Planet es ideal para jóvenes con ganas de conocer gente viajando. Si quieres desaparecer no compres una Lonely Planet. En esos casos, por experiencia personal, lo mejor es una Footprint.
Respecto a la guía Lonely Planet publicada en el 2006 sobre los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) ocurre algo parecido, aunque en menor escala, a “Asia on a shoestring” o su hermana europea. Como es evidente, cuando se intenta abarcar más de un país la información detallada se difumina y aparte de las grandes ciudades o lugares emblemáticos se hecha de menos un poco más de información de los lugares donde más lo precisamos. En las ciudades ya sobra información de la que abastecerse.
La guía en general no acostumbra a cometer errores en su información. De todas maneras en el apartado de Lituania conviene aclarar algunos puntos:




