Para escapar de la ruta habitual en Irlanda del Norte Belfast, la Calzada del Gigante y Derry decidí perderme por la zona montañosa de Mourne, al sur de la capital y a caballo entre Dublín y Belfast.
Mourne es un precioso lugar donde las montañas y el mar se juntan. Con el pico más alto de Irlanda del Norte, el Slieve Donard a la friolera de 850 metros, Mourne ofrece una costa tranquila con pueblos pescadores, alguno incluso bullicioso y aldeas remotamente perdidas entre valles cuya postal da la impresión de haber sido estampada treinta años atrás y a más de 1.000 metros de altura.
Llegué de Belfast a Kilkeel en autocar y de ahí tomé un taxi para cubrir los 4 kilómetros hasta Atticall. Habitualmente suelo patearme estos desplazamientos pero eran casi las diez de la noche y preferí hacer el señorito. En Atticall hay una iglesia, una escuela, media docena de casas desperdigadas y un precioso hostal llamado Cnocnafeola. Un lugar, sin lugar a dudas, ideal para descansar, relajarse o hincarle el diente a las montañas de Mourne.

