Probablemente si preguntásemos a alguien antes de marcharnos de viaje donde está Malawi, en el 90% de los casos no sabrían posicionarla en un mapa. Algo, que considero particularmente normal, teniendo en cuenta la disposición de este país dentro la amalgama de regiones africanas.
Malawi se estira afiladamente entre Zambia y Mozambique como si estuviera desentumeciéndose de un largo sueño. Pareciera que deseara esconder sus encantos a los ojos del observador distraído. La espina dorsal del país es El lago Malawi que lo recorre de norte a sur a lo largo de 560 km, convirtiéndose en la fuente que riega los campos de la antigua y exótica Nyasalandia.
Igualmente de probable, si informamos a nuestras madres que nos marchamos de viaje a Malawi, será recibir por respuesta algo así cómo: “Pero hijo, ¿dónde has dicho que te vas? Me parece que ese lugar es muy peligroso”. Y es que en muchas ocasiones lo menos conocido se transforma en sinónimo de peligro. Concretamente en este caso en particular, nada más lejos de la realidad. Malawi es un país tranquilo, que no aparece en los listados de los países más peligroso del mundo, pero sí en los listados de los más densamente poblados y menos visitados.
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