Mis recuerdos propios de la capital eslovena, Llubijana tienen el vértigo de un videoclip: un paseo bordeando el río Sava con casas que van siguiendo las curvas y contracurvas de su cauce. La luz blanca y fría de una mañana de algún noviembre y el olor de las primeras castañas tostándose al final del puente.
Pero para llenar los huecos de mi memoria, tengo a Anja, una amiga eslovaca eslovena que me envía datos de su ciudad para que todos podamos disfrutar de ella ( de la ciudad, claro).
Nos recomienda dar una vuelta por el Hostal Celica ya que se trata de una antigua prisión transformada en un alojamiento muy particular. Sus ventanas conservan aún los barrotes y 20 celdas se han convertido en habitaciones, simples pero muy convenientes en precio y ubicación. Sus propietarios llevan a los visitantes a recorrer las antiguas celdas que mantuvieron en su estado original y cuentan historias de espías, traiciones y Guerra Fría (cada día a las 14 horas).
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