En los últimos años se ha incrementado notablemente el número de turistas y viajeros que visitan Asturias, esa región montañosa situada en el norte de España, entre la cordillera Cantábrica y el mar, y que es por cierto mi hogar.
Cada año me sorprende la cada vez más creciente multitud de visitantes que uno se encuentra por las calles de nuestras ciudades y pueblos, porque uno espera encontrarselos sólo en los lugares típicos para el turismo como antaño, y ahora ya están en todas partes. Eso es buena señal, tanto para la economía de la región como para los que vivimos aquí, signo de que tenemos algo que ofrecer al visitante y que ese algo tiene valor cultural, artístico, gastronómico o ecológico. No es por casualidad que en las campañas turísticas del Principado de Asturias se repita una y otra vez el leit-motiv del “paraíso”.
Existen pocas zonas en España que puedan ofrecer al viajero una combinación más completa de naturaleza, ocio, cultura y gastronomía. Pero como en todos los lugares del mundo hay una pequeña diferencia entre las zonas y sitios meramente turísticos y aquellos otros más escondidos, menos conocidos o poco accesibles para el visitante. Si usted quiere huir de las aglomeraciones y del tópico típico en su visita a Asturias aquí van unos consejos nada elitistas:
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