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San Jose

El paisaje semidesértico del parque natural de Cabo de Gata-Níjar alberga no pocas playas espectaculares. Desde Almería capital hasta la Sierra del Cabo la línea de costa, orientada al suroeste, es abierta, y las playas de Retamar, del Toyo, de San Miguel de Cabo de Gata, de las Salinas o de la Almadraba resultan con frecuencia azotadas por el viento. No he visto estas aguas sin oleaje, salvo a primeras horas de la mañana.

Sin embargo, y aunque el Mediterráneo no está exento de olas, sobre todo al llegar al mediodía, es en la parte sureste del Cabo de Gata donde he disfrutado de playas especiales, más resguardadas. Acudimos hacia el pueblo marinero de San José, que se ha convertido en el centro turístico de la zona, y veamos a qué playas podemos llegar desde aquí.

El mismo pueblo cuenta con una pequeña playa (foto superior), rodeada de las construcciones que dejan casi en el olvido el origen pesquero del pueblo. Volveremos después a San José para disfrutar de una buena bandeja de pescadito frito, porque su paseo marítimo ofrece muchas posibilidades. Pero antes vamos a la playa.

Saliendo del pueblo hacia el sur nos adentramos en una pista sin asfaltar que dejará nuestro coche listo para el lavadero… Aunque merece la pena. Existe una buena opción para salvaguardar nuestro vehículo de un rebozado: la Junta de Andalucía ha puesto a disposición de los visitantes un autobús gratuito que realiza el recorrido desde San José por este camino haciendo paradas en diversas playas. A la entrada del pueblo de San José hay un aparcamiento gratuito desde el que salen los autobuses hacia las playas, cada media hora y con un horario bastante amplio en verano.

Playa Genoveses

Primera parada: playa de los Genoveses, a la que corresponde la foto que encabeza estas líneas. El bus hace dos paradas en Los Genoveses, ya que mide más de un kilómetro. En la primera parada la playa cuenta con pinos y eucaliptos, lo cual puede venirnos muy bien si hemos olvidado la sombrilla. Aquí, en el extremo norte de la playa, se encuentra el Morrón de los Genoveses, que alberga unos cortados que se recomienda visitar.

La segunda parada, que es donde se encuentra el aparcamiento para los coches, nos deja a la mitad de la playa, con unas estupendas vistas del paisaje. En pleno julio la playa no estaba nada concurrida, aunque los problemas para aparcar podían indicar lo contrario: hay sitio para todos en esta amplia playa. Eso sí, en ésta como en el resto de playas y calas que vienen a continuación, nos hemos de olvidar de todo tipo de servicios. A cargar con nevera y agua en abundancia.

Monsul Un poco más adelante nos encontramos con Playa Mónsul, otra playa vírgen adornada por formaciones rocosas de diseños espectaculares debido a la erosión. La gran roca de La Peineta que descansa en la orilla puede servir para refugiarnos del sol…

Junto a la playa se encuentra la duna Rampante, protegida, que adopta distintas formas según sople el viento. Las arenas son más oscuras que en los Genoveses, aunque igual de finas y así mismo las aguas siguen siendo cristalinas.

Siguiendo el camino nos encontraríamos con calas como Media Luna o Barronal, más pequeñas y en las que, debido a su más difícil acceso (hay que caminar algo más para llegar a ellas), es más frecuente el nudismo, aunque éste no es extraño tampoco en las playas anteriores.

El hambre apretaba ya a estas horas y decidimos dar media vuelta hacia San José para disfrutar de una parrillada. Quedaban más playas por ver en otra ocasión.

Más información | San José
En Diario del viajero | Cabo de Gata: arrecife de las sirenas y Faro

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