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Dover

Hasta la llegada del Eurotunel a nuestras vidas, una de las vistas más impresionantes era la del cruce del Canal de la Mancha en ferry y la llegada a tierras británicas. Nos reciben los famosos “blancos acantilados de Dover“ en una combinación de verdes, blancos y azules.

Hoy en día, si bien la gran mayoría de los viajeros accede a la isla en tren o coche a través del túnel que une Calais (Francia) con Folkestone (Reino Unido), muchos barcos siguen haciendo su parada en el puerto de la ciudad de Dover. De hecho este año serán 152 cruceros con sus 200.000 pasajeros, los que harán escala allí. Si estamos de paso por aquí, ¿que podemos ver ?

El Canal de la Mancha tiene su punto más angosto justo aquí. Desde Calais hasta Dover hay poco más de 30 kilómetros de distancia. Los puntos más cercanos son los acantilados de South Foreland y Cap Blanc Nez.

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En un día claro, el brillo del sol sobre la superficie blanca de los acantilados puede verse desde el lado francés. Ambos territorios volvieron a unirse en 1994 con la apertura del túnel, después de 10.000 años, el tiempo que se supone llevan las islas británicas separadas del continente.

Los blancos acantilados de Dover ( los White Cliffs of Dover que evocaba con melancolía mi profe de inglés hace años), son un atractivo de fama mundial. Durante siglos han sido la puerta de entrada a las islas y llevan una alta carga simbólica tanto para los habitantes de un lado como del otro del Canal.

Los acantilados se extienden desde Kingsdown a lo largo de 12 kilómetros hasta Dover, y 12 kilómetros más hasta Folkestone. Las paredes de estos acantilados sorprenden por su brillante color blanco debido a que están formados principalmente por un tipo de roca llamada tiza. Llegan hasta los 100 metros de altura sobre el nivel del mar y sobre ellos se extiende una verde pradera.

La belleza de su color puro, se debe a los frecuentes desmoronamientos de terreno que dejan al descubierto nuevas capas de roca. Si el embate del mar no provocara este tipo de erosión, la superficie de las paredes se iría poblando de vegetación y musgos y se volvería verdosa. El frío de la zona en invierno, provoca también que el agua acumulada en vetas interiores se congele y expanda, provocando pequeñas grietas que ayudan al proceso natural. Por éso, los desmoronamientos son más frecuentes en época invernal.

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De todas formas, no es un hecho que se repita muy a menudo, ni siquiera todos los años. Se estima que los sectores más expuestos a las fuerzas de la Naturaleza pierden alrededor de 50 cm por año en caídas apenas perceptibles. A los visitantes se les advierte que deben permanecer como mínimo a 10 metros del borde de los acantilados.

Los mejores lugares para visitar los “blancos acantilados de Dover” son Samphire Hoe, cerca de Dover, la bahía St.Margaret o en el Parque East Cliff en Folkestone.

Los dos sectores de acantilados están protegidos como “patrimonio natural costero” por lo que el cuidado y preservación son prioridad.


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Fotos | María Victoria Rodríguez
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