Los 10 museos más raros del mundo (I): caramelos Pez, monstruos, parásitos y penes

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El turismo de museos tiene muchos adeptos. Hay museos para todos los gustos, desde enormes pinacotecas hasta demarcaciones que muestran objetos de nuestra época histórica preferida.

Sin embargo, os garantizo que en el ancho mundo hay museos que van mucho más allá de unas cuantas lanzas de sílex o huesos de dinosaurios. Son museos del horror, de lo estrambótico, de lo bizarro, de lo extrañamente cotidiano.

A continuación, los 10 museos más raros del mundo:

1. Museo de Objetos Pez

El Museo de Objetos Pez está en Burlingame, California, y exhibe más de 500 expendedores de golosinas con cabeza de personajes de dibujos animados. Su nombre es un acrónimo de la palabra alemana Pfefferminz (menta), el primer sabor de la marca Pez, en letras mayúsculas.

Pero si sois muy golosos y aún no habéis tenido suficiente, entonces viajad a Le Roy, Nueva York, donde podréis visitar el Jell-O Museum, donde se exhiben estos caramelos como si fueran piezas de arte, los que probablemente son los caramelos más famosos de Estados Unidos. Tanta es la popularidad de la marca que finalmente Jell-O es término genérico para el postre de gelatina en los Estados Unidos y Canadá, tal y como ha ocurrido como otras marcas como Kleenex para referirnos a los pañuelos de papel.

2. Museo Alien

En un pueblecito medieval encantador, situado en el centro de Suiza, Gruyères, existe un museo dedicado a una de las criaturas más pesadillescas del cine: Alien. Y es que el diseñador de Alien fue un suizo, H. R. Giger.

Justo delante del museo, además, se encuentra el único bar del mundo inspirado en la iconografía de Giger, sobre todo de Alien, el H. R. Giger Museum Bar.

El último bar del mundo que uno esperaría encontrarse en una villa medieval que parece anclada en el pasado. Como si hubiéramos encontrado una pantalla plana de plasma en una excavación arqueológica. Todas las sillas-trono de huesos, los arcos óseos que sujetan el techo, columnas que son espinas dorsales, los fetos, los toques metalúrgicos y demás decoración tenebrosa se han inspirado en la obra de Hans Rudolf Giger. Un ilustrador que, según sus propias palabras, leyó de pequeño demasiados libros de H. P. Lovecraft (el suicidio de su novia en 1975, la artista Li Tobler, probablemente también influyó en su estilo enfermizo). Un ilustrador que sólo dibuja y diseña criaturas de aspecto biomecánico y escenarios oníricos que parecen salidos del infierno. Por esa razón fue fichado por el director de Alien, Ridley Scott, a fin de que diseñara la criatura alienígena que daba candela a la tripulación de la nave minera Nostromo. Su criatura fue tan impactante, con ese aspecto insectoide de boca prototráctil, que Giger ganó un Oscar por su diseño.

Si aún os habéis quedado con ganas de más monstruos, entonces podéis visitar el Museo de Criaturas Monstruosas o Gensou Hyouhon Hakubutsukan, en Japón. Son monstruos creados por Hajime Emoto, a partir de papel, pasta para modelar y bambú. El museo consta de 9 habitaciones (divididas entre 3 pisos).

3. Devil’s Rope Museum

El Devil’s Rope Museum de MacLean, Texas, “expone todos los aspectos y detalles del alambre de espino”. Y es que existen más de 450 patentes registradas que han dado lugar a más de 2.000 variedades de alambre de espino.

4. Museo de Parasitología

En Tokio, encontraréis el Museo de Parasitología de Meguro, que invita a sus visitantes a “intentar pensar en parásitos sin sentir miedo y a tomarse el tiempo necesario para aprender sobre su maravilloso mundo”.

Fundado en 1953 por el médico Satoru Kamegai, tiene una impresionante colección que alcanza los 45.000 parásitos, además de miles de documentos y libros especializados en el tema.

Y si aún no habéis empezado a rascaros el cuerpo, entonces podéis visitar el Cockroach Hall of Fame, en Plano, Texas. Un museo dedicado a las repugnantes cucharachas.

Según un antiguo estudio de la Universidad Complutense de Madrid, hasta 4.000 especies diferentes de cucarachas pueden localizarse en una vivienda media, por muy limpia que esté. Además, por cada cucaracha que logréis ver, hay un promedio de 100 escondidas. Las cucarachas también son portadoras de muchos mitos. Es cierto que son buenas trepadoras y muy resistentes: pueden sobrevivir 48 horas a temperaturas bajo cero, 40 minutos bajo el agua o tres meses sin comer. También pueden vivir una semana sin cabeza. Pero no es verdad que sean tan aptas como se cree para sobrevivir a una guerra nuclear.

5. Museo del Pene

El Museo Falológico de Reykiavic, en Islandia, hay una “colección de más de cien penes y partes penianas pertenecientes a casi todos los mamíferos terrestres y marinos que se pueden encontrar en Islandia”.

Fundado en 1974 por el ex-profesor de Historia Sigurður Hjartarson, la institución asegura que no muestra ningún pene humano. Así pues, el pene de mayor tamaño exhibido en el museo no pertenece a una especie John Holmes o Nacho Vidal sino a un cachalote: 75 kilos de peso y 1,70 metros de longitud.

Sin abandonar el sexo, podéis visitar el Vibrator Museum and Masturbation Hall of Fame, en San Francisco. Y en Ámsterdam tenéis un museo del sexo llamado El Templo de Venus, el más antiguo del mundo, donde encontraréis imágenes eróticas, pinturas, objetos, grabaciones y otras atracciones. Sin duda, un complemento para entrar en calor durante el viaje un poco más inocente que os propuse el otro día en Fin de semana navideño en Ámsterdam: tiendas de bromas intelectuales, cafeterías entrañables y pannekoeken.

En la siguiente entrega de esta serie de artículos sobre museos raros, os hablaré de otros cinco que nos os dejarán indiferentes.

En diario del Viajero | Los museos más curiosos del mundo
En diario del viajero | Museo de Alien en Gruyères, Suiza
En diario del viajero | El Museo del Pene en Húsavík, Islandia
Fotos | phallus.is | Burlinggamepezmuseum | H. R. Giger Museum Bar

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