
Cuando uno viaja, uno de los elementos con los que tiene que compartir su día a día, del mismo modo que lo haría en su casa, es el baño. En este caso, dejando a un lado la bañera, la ducha o el lavabo, quiero centrarme únicamente en el inodoro, también conocido por el nombre de retrete, escusado, taza, wáter o “baza”, como lo llamamos en Cantabria.
Reciba el nombre que reciba, ese asiento de loza o porcelana debe proporcionarnos la seguridad indispensable para sentirnos a gusto a la hora de hacer nuestras necesidades. Esta claro que “como en casa, en ningún sitio”, pero si el asiento en cuestión cumple unos mínimos higiénicos, casi ninguno tenemos ningún problema en hacer uso del servicio del trabajo, un restaurante, e incluso el de un centro comercial. Aunque en algunos casos no nos atrevamos a sentarnos en él. O pasemos más tiempo limpiándolo con un rollo de papel que “usándolo”.









