
Supongamos que nuestro espíritu viajero nos impulsa una mañana de verano a salir a recorrer la zona. Mochila al hombro nos ponemos a recorrer los alrededores: entramos en un bosque, seguimos un río, subimos a unas rocas a ver el paisaje, descansamos un rato bajo los árboles…
¿Dónde estamos? Perdidos. Para encontrar el camino de regreso debemos ubicar perfectamente el norte geográfico y nos hemos dejado la brújula en casa. ¿Cómo hacerlo?
