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La cataratas del Krka. Un baño en Croacia

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La cataratas del Krka. Un baño en Croacia

Si queréis conocer una de las cataratas más impresionantes de Europa y daros un baño en sus aguas, visitad las Cataratas del Krka, situadas en el Parque Nacional del Krka. Podréis dar un paseo de unas dos horas a lo largo de distintas cascadas que tiene el río Krka en su paso hacia el Mar Adriático, en Croacia.

El Parque Nacional del Krka se encuentra en el centro de la región croata de Dalmacia. Está a muy pocos kilómetros de Šibenik. De hecho, el río Krka, el protagonista de estas cataratas, desemboca en la ciudad de Šibenik.

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El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (y III)

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El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (y III)

Tal y como os explicaba en la anterior entrega de este artículo, continuamos ascendiendo por el zigzagueante camino, a veces superando escaleras de piedras o de madera, tan legamosas que nos veíamos obligados a agarrarnos a unas maromas que habían dispuesto allí a modo de barandillas. La humedad era tan elevada que sudábamos más que de costumbre (aunque gracias a mi sistema de refrigeración yo lo hiciese menos). El desnivel, en ocasiones, era terrible. Así que a veces debíamos detenernos para recuperar el resuello.

Incluso, en algunos tramos, escondidos entre el follaje, había bancos de madera para tal efecto. Otros tramos del camino eran tan frondosos que el sol no conseguía llegar al suelo, así que el camino se hacía oscuro y tenebroso, y la temperatura bajaba ostensiblemente, también gracias a la película de sudor que nos cubría el cuerpo.

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El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (II)

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El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (II)

Como os adelantaba en la primera entrega de este artículo, se nos ocurrió una idea para llegar antes a la catarata de Sherlock Holmes. Para acortar el camino, optamos por dejar de seguir el serpenteante sendero y cruzar campo a traviesa las partes menos inclinadas. Ello nos obligaba a pisar también los pastos de las vacas, que nos enfilaban con una mirada estólida mientras continuaban comiendo hierba, impasibles. Este tipo de ascensión, también nos obligaba a superar los cercos de alambre de los pastos.

¿Sabéis lo que es la "enfermedad del alambre"? Dicha enfermedad está provocada por los restos de alambre, grapas y clavos que tragan las vacas cuando comen. Para tratarlas se les administra un imán. El imán se sitúa en la primera parte del estómago y permanece ahí toda la vida de la vaca. Como si las vacas fueran cyborgs. Vacas Terminator que, en cualquier momento, fueran a mugir "sayonara, baby". O "volveré".

Cada vez que debíamos superar un cerco de alambres, más o menos seguíamos el mismo procedimiento. A saber: yo tiraba hacia arriba del alambre, todo lo que podía, y mis compañeros de viaje pasaban por debajo inclinando la espalda (también cabía la opción de hacerlo como si bailaran el Calipso, pero no era plan). Finalmente, cruzaba yo con un hábil quiebro de cadera. Pues bien, la enésima vez que nos enfrentamos a un cerco, las cosas no sucedieron de la misma manera. De hecho, todo pasó de una manera totalmente diferente. Fue así: agarré con ambas manos el alambre, transcurrieron uno o dos segundos, y entonces sentí cómo me electrocutaba y mi corazón amenazaba con implosionar.

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