
La antigua ciudad de Esparta fue una de las más importantes de la civilización helénica, cuna de los terribles guerreros inmortalizados en la película “300”. Vivió su esplendor alrededor del siglo cuarto antes de Cristo, tras arrebatar la supremacía a Atenas. ¿Que queda ahora de todo ese pasado glorioso?
La ciudad de Esparta decayó a la vez que la civilización griega. Fue invadida por los bárbaros y nunca llegó a ser ni sombra de lo que fue. Los francos fundaron el nuevo asentamiento de Mystra en el monte Taygetos, bajo la protección de un castillo, abandonando así el emplazamiento de Esparta en el valle. Tras siglos de dominio turco y posteriormente veneciano, de la antigua Esparta quedaron solo las ruinas.
A partir de la independencia de Grecia, la ciudad resucitó. En 1834, el rey Otón ordenó construir una nueva ciudad de Esparta (Sparti, en griego moderno) en el lugar donde se hallaba la antigua. La nueva población se construyó bajo la dirección del urbanista alemán Stauffert. Su trazado urbano, con amplias avenidas, parques, etc., la convierte en una ciudad única en Grecia, aunque el principal atractivo sigan siendo las antiguas ruinas.
