
¿Existe un lugar en el mundo donde la gente descanse durante el día y comience a despertar de su letargo a medida que cae la noche? En el pequeño pueblecito de Christos Raches, los bares, tiendas y ‘tavernas’ abren a última hora de la tarde, y sólo entonces sus vecinos comienzan a salir de sus casas y devolverle la vida a unas calles que hibernan durante el día.
Tradicionalmente los panaderos dejan la tienda abierta, el pan a disposición de todos y una hucha para que todo aquél que se llevase una barra deposite su precio, mientras ellos duermen, aunque este tipo de costumbres van desapareciendo. Un lugar así sólo podría estar en la legendaria isla de Icaría (Ικαρία), una de las más aisladas del mar Egeo.
Según la leyenda, Icaría se llama así por estar próxima al lugar donde Ícaro cayó al mar por acercarse demasiado al sol con sus alas de fabricación casera. Su aislamiento ha servido para preservar costumbres milenarias y un espíritu griego puro, apenas alterado por el turismo y la modernidad.
