
Conocida como la “Ciudad Blanca”, Arequipa es uno de esos lugares que no podemos pasar por alto en nuestra ruta por el sur de Perú. Y dentro del precioso conjunto que componen sus edificios, el Monasterio de Santa Catalina destaca tanto por su belleza y tamaño como por las apasionantes leyendas que lo envuelven.
El Monasterio de Santa Catalina fue fundado en 1579 gracias, en gran parte, al aporte de Doña María de Guzmán: una joven viuda de la nobleza que, además de ser su primera ocupante, ostentó durante seis años el cargo de priora del convento.






