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El Oasis de Siwa: rincones ocultos de Egipto

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Hace unos días en Diario del Viajero partíamos de viaje hacia las tierras de la Península del Sinaí en Egipto. Hoy nos aventuraremos en otro lugar poco transitado por los viajeros que ponen rumbo a la tierra de los faraones pero que conserva una belleza e historia única en el mundo. Hoy viajamos al Oásis de Siwa.

Durante nueve horas en autobus atravesaremos desde Alejandría llanuras desérticas con poco tránsito de vehículos. Si nos sorprende la noche el aire gélido del desierto se filtrará entre las puertas desvencijadas de estos vehículos. Por lo que os recomiendo llevar alguna prenda de abrigo.

Siwa se encuentra en medio del desierto, de la nada, de la desolación, cercana a la frontera con Libia, a unos 850 km del Cairo y se trata de una de las regiones más aisladas de Egipto y un lugar poco transitado por el turismo de masas. Está rodeada por un palmeral que se precipita sobre las dunas del desierto y sobre un lago salado. Su historia es milenaria y sus calles son aún transitadas por carros de madera y burros.

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Parque Natural de las Lagunas de Ruidera: un oasis en La Mancha

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Lagunas Ruidera

Es probable que de Albacete no les suene más que el ViñaRock de Villarrobledo y alguna rima malsonante. También aridez y llanura. A mí me sonaba sólo de eso, pero este verano he encontrado una joya natural, un oasis en medio de La Mancha: el Parque Natural Lagunas de Ruidera.

Es una superficie de 4.000 hectáreas ubicada en el límite entre las provincias de Albacete y Ciudad Real en pleno Campo de Montiel.

Está compuesto por 15 lagunas de aguas cristalinas de un profundo color azul turquesa que a lo largo de 30 kilómetros forman el Valle del Alto Guadiana. Están dispuestas escalonadamente de forma que desbordan una sobre otras formando pequeñas cascadas, saltos y torrentes.

Las lagunas conforman un complejo sistema hídrico. El agua de las lagunas procede de los manantiales y arroyos que llegan al fondo de este valle, mientras que también recibe un aporte de agua subterránea que ha creado a lo largo del tiempo curiosas formaciones calizas.

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El 'Oasis de las Américas' en Huacachina, Perú

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Huacachina, el Oasis de las Américas

Esta misma semana comprobamos que existen distintos tipos de desiertos. Y aunque ya hamos visto que no todos son desiertos cálidos y secos (ya que los hay fríos y de costa), si hay otro tópico estrechamente ligado a los desiertos, aparte del calor y la sequedad, ese es el de los oasis, por contraposición a los otros dos tópicos lógicamente.

Porque existen, y no son siempre espejismos (otro tópico comúnmente ligado a los desiertos). Y los hay realmente impresionantes y paradisíacos, como el de Huacachina, situado a cinco kilómetros al oeste de la ciudad de Ica, en el Perú. Conocido también con el sobrenombre de ‘Oasis de las Américas’ (es el único que hay en toda América), es uno de los lugares más vistosos y bellos de la costa peruana.

Se trata de un oasis natural justo en medio de la arena blanca del desierto y con aguas color verde esmeralda, rodeadas de abundante vegetación, como palmeras, eucaliptos y los típicos huarangos. Una laguna que surgió debido al afloramiento de corrientes subterráneas y a cuyas aguas se le atribuye desde 1940 propiedades curativas.

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Cuscús en el desierto

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cuscus

Se prepara la masa con harina y agua. Una vez tenemos la masa compacta y homogénea se hace un agujero bajo las brasas y se cubre con las mismas brasas mientras avivamos el fuego a un lado.

Mientras, en la olla se va cortando la verdura (nabos, zanahorias, cebollas y tomate) y se le añade un poco de agua. Mientras va cociendo, se une en un recipiente el cuscús y un poco de agua y se va removiendo hasta que el cuscús vaya absorbiendo el agua. Se añade sal y azafrán al cuscús y a la olla con las verduras y seguidamente arrojamos el cuscús en otra olla con un poco de agua más que depositaremos encima de la olla que ya hierve con las verduras.

Desenterramos la masa de pan que ya estará “horneada” y la untamos con mantequilla y confitura de higos.

Una vez el cuscús está ya en su punto se mezcla en un mismo recipiente con las verduras y voalá! a comer un delicioso cuscús tunecino entre las dunas y bajo las innumerables estrellas del desierto!

Douz, la puerta al Sahara

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douz

Douz es la antesala al desierto. El último oasis antes de la larga marcha al desierto para todavía algunos beduinos que viven la ancestral costumbre nómada.

Cuando la última palmera emerge de la arena, una puerta blanca, sencilla y sin demasiados ornamentos, da paso al desierto del Sahara. Y, como si de un faro se tratara, recibe a los navegantes que surcan las olas de arena del desierto.

Douz es uno de los lugares más turísticos de Túnez ya que alberga oasis y desierto a su vez. Desde aquí se pueden realizar travesías de una o incluso diez noches por el desierto con mantas y comida para proveerse durante el camino. Existen bastantes agencias, por lo que es necesario negociar el precio. En Noviembre rondaba entre 30 y 40 dinares la noche.

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Kebili, un fantasma en medio del oasis

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KEBILI

La ciudad de Kebili se levanta desde hace unos 30 años en un nuevo enclave debido a las fuertes inundaciones que asolaron la vieja ciudad. Merece la pena parar por un par de horitas y darse una vuelta por la antigua Kebili y contemplar un pueblo abandonado justo en medio de un oasis con las dunas devorando las paredes de las antiguas casas.

Es un buen paseo, así que merece la pena ganarse la confianza de algun comercio local para dejar la mochila y así llegar hasta el antiguo pueblo más ligeros.

El pueblo, abandonado entre las miles de palmeras que lo rodean, parece fantasmagórico. Ruinas de un pasado reciente junto a una mezquita reformada hace poco tiempo, a la que supongo, todavía se dará culto, protagonizan el paisaje.

Absolutamente nadie merodea por el lugar y uno tiene la sensación de haber llegado a un oasis deshabitado, pidiendo a gritos la salvación de las inundaciones y las tormentas de arena que cada año van submergiendo al abandonado pueblo ente las dunas del desierto.

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

El Chott El Djerid: Un lago de sal en el Sahara

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La carretera de Tozeur a Kebili, en el suroeste de Túnez, cruza un enorme lago de sa llamado el Chott El Djerid. Es un viaje espectacular a través de una única carretera rodeada por un mar de sal que se extiende hasta el infinito.

Cuando se llega a Kebili el enorme lago de sal va dando espacio a pequeños oasis con palmeras y finalmente queda a nuestras espaldas.

Merece la pena realizar el trayecto en un louage sentado junto al conductor para disfrutar de esta maravillosa monotonía de sal y más sal extendiéndose a ambos lados de nuestra vista.

Más allá del Chott El Djerid, el Sahara, con sus dunas interminables.

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

Un café en Tozeur

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Tomarse un cafetito en una terraza en Tozeur y ver la vida pasar. Es algo que no requiere demasiado esfuerzo y uno no se aburre de las cosas que suceden a su alrededor.

Unos tunecinos intentan convencer a una pareja francesa que si riegan una rosa del desierto esta crecerá como una bella flor. Un carro arrastrado por un burro lleva a una docena de niños al colegio mientras a tu lado un grupo de locales se despierta con su café, su periódico y dándole a la chicha.

Todo sucede a ritmo cansino y el café se termina demasiado pronto, pero uno no tiene ganas de levantarse y deja ir la vista para contemplar lo que sucede a su alrededor. El chico que en principio parecía ser el camarero ahora se encuentra en la tienda de enfrente tratando de venderle unos mosaicos a una familia inglesa. Una tunecina bien hermosa ocupa tus ojos y tu atención unos segundos y cuando vuelves la mirada a la tienda, el vendedor vuelve a ser de nuevo camarero y la familia inglesa lleva un nuevo mosaico bajo el brazo.

Te preguntas si aquí hay propiedad privada o es todo un circo amenizado, perfectamente intrincado y maniobrado para que el dinero brote sin demasiado esfuerzo y, a su vez, te preguntas cuánto habrán pagado por aquel pobre mosaico que bien podría estar expuesto en un todo a cien chino en la esquina de casa.

Pides otro cafetito y vuelta a empezar…

Nefta, un oasis en el corazón de un pueblo

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Nefta, la hermana pequeña del gran oasis de Tozeur, es famosa en toda el Sahara por ser un lugar espiritual. Menos turístico y de menores proporciones que su hermana mayor, Nefta no obstante alberga más de 400 mil palmeras. En su interior, en la Corbella, nacen otras más ofreciendo un bello paisaje con el mar salado del Chott el Djerid al fondo eclipsando el infinito.

Son tan sólo 25 kilómetros que separan un oasis del otro entre árido paisaje y vale la pena pagar los irrisorios 60 cts. del viaje que cuesta un louage para darse una vuelta por la ciudad.

El turismo no ha llegado tan masificado a Nefta y se nota a la hora de cerrar la escuela cuando los niños pasan y te ven, en la tranquilidad que transpiran sus calles y sus habitantes tomando un café al sol. Los velos abundan más que en los turísticos lugares donde el gobierno trata de mostrar una Túnez más moderna a los ojos del viajero.

En la ciudad parece que el tiempo se haya parado. La mayoría de viviendas están en obras con una planta ya construida y la segunda, con cuatro bigas amarradas a los pilares, esperan alguna señal divina o a la iniciativa de alguien a quién la paz del oasis no le haya mermado el empeño de querer hacer alguna cosa.

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

Tozeur, el oasis por excelencia

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Tozeur
Tozeur, con miles de palmeras, es el oasis de Túnez por excelencia. Un día en Tozeur y uno se extraña de la calma que contagia la ciudad. Dos días y uno se acostumbra a andar despacio. Tres días y uno acaba definitivamente siendo devorado por esa simpática pereza qe te deja aplatanado, sin ganas de hacer gran cosa, pero con una sonrisa cansina de bienestar.

Rodeada por dos mares de sal gigantes, Tozeur cuenta con un palmeral gigantesco donde se puede pasear horas y horas. Más allá de las palmeras, el Chott el Djerid, un lago enorme de sal donde no es dificil vislumbrar espejismos. Más allá del mar de sal, el Sahara, infinito y colosal.

El turismo en Tozeur ha llegado, pero al menos en Noviembre esto aparece vacío y sin demasiados tunecinos por la labor. Hay una calle turística con los típicos tenderetes donde no atosigan demasiado y unos cuantos mega hoteles vacíos que andarán llenos en verano. En Noviembre poco turista se contempla y los locales parecen descansar y disfrutar del dinero recogido la temporada pasada. Así que la situación es fenomenal para disfrutar de un verdadero oasis sahariano.

La mayoría de mega hoteles turísticos están alejados del pueblo. Es ahí donde os alojareis si vais en grupo organizado. Si vas por tu cuenta conviene que te quedes por la zona del pueblo. El hotel Nifer, cerca de la estación de autobuses, tiene dobles con ducha por 12 dinares, nada mal.

Más información | Oficina Nacional de Turismo de Túnez

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