Al llegar a Edimburgo, la primera parada fue buscar las oficinas de los rent-a-cars. Fue un poco estresante, porque el “car rental center” es un edificio casi en las afueras del aeropuerto, que concentra todas las oficinas de las diferentes compañías. Habíamos reservado un Corsa o similar a través de una oferta de Holiday Cars, y salió muy económico.
Finalmente fue un similar Peugeot 308. Aquí lo normal es que te entreguen el depósito lleno, te lo cobren, y tienes que devolver el coche lo más seco posible. Resulta algo incómodo, y al final siempre les dejas algo de combustible de regalo. Era noche cerrada y tocaba llegar al alojamiento.


