El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (y III)
Tal y como os explicaba en la anterior entrega de este artículo, continuamos ascendiendo por el zigzagueante camino, a veces superando escaleras de piedras o de madera, tan legamosas que nos veíamos obligados a agarrarnos a unas maromas que habían dispuesto allí a modo de barandillas . La humedad era tan elevada que sudábamos más que de costumbre (aunque gracias a mi sistema de refrigeración yo lo hiciese menos). El desnivel, en ocasiones, era terrible. Así que a veces debíamos detenernos para...

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