Viajas a algún país asiático y movido por el ambiente, por lo exótico del entorno o la amabilidad de su gente, siguiendo el consejo o la insistencia de alguien del lugar, terminas sentándote en un “estudio de tatuajes” para sellar en tu piel el recuerdo de ese momento único. Pero: ¿sabes lo que te has tatuado?
Convengamos que el conocimiento general sobre kanjis, hanzis o antiguas letras filipinas no es muy extendido. Sin embargo, quedan muy bonitos sobre la piel, ¿verdad? Para el que lo desee. ¿Puedes confiar plenamente que esa emotiva frase, esa palabra que resume tu experiencia asiática es la que te acompañará toda tu vida en el brazo, muslo, espalda o más allá?
La gastronomía de Córcega destaca por la calidad y frescura de sus productos, aunque al llegar a Ajaccio a bordo de un crucero, con el tiempo limitado para visitar la ciudad, y además en un día lluvioso, no pudiéramos dar buena cuenta de ella. No obstante, tuvimos la suerte de coincidir con el mercadillo de Ajaccio y hacer unas compras gastronómicas para llevarnos un poquito del sabor autóctono.
Si hay unos “souvenirs” que me atraen especialmente son estos, los alimentos que podemos traernos a casa y recordar o descubrir los sabores que dejamos atrás. En este caso, nos decantamos por embutidos tradicionales, dulces y miel del lugar.
Los canistrelli son unas galletas tradicionales corsas, dulces secos de almendras, nueces, limón y anís (me recuerdan a lo que aquí llamamos “rosegones”), deliciosos. Se venden en bolsas o cajas a precios económicos (unos 3 euros) y constituyen un fabuloso postre o tentempié dulce. Hay variedades con distintos sabores. Si alguien se anima a elaborarlos, aquí os dejo la receta de canistrelli.
Hay souvenirs de mal gusto, souvenirs curiosos, souvenirs bonitos (las menos de las veces), souvenirs que no le regalarías ni a tu peor enemigo, y souvenirs que, aunque sólo los veas durante unos breves instantes, quedan grabados en tu memoria para siempre.
Esto fue lo que me ocurrió a mi hace un par de meses en el mercadillo que hay a los pies de la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada de San Petersburgo. Estaba picoteando de puesto en puesto, haciendo tiempo para la hora de comer, y mi atención fue a fijarse en las matrioskas, esas tradicionales muñecas rusas que esconden muchas otras muñecas en su interior, unas dentro de otras.
Se acabaron los recuerdos de viaje de gusto más que dudoso. A partir de ahora podremos recibir sin miedo un souvenir que nos traigan de … Pisa, sin peligro de encontrarnos con una pieza abominable. Es que las autoridades de esta ciudad italiana han dicho ¡basta!
Por lo visto, la gota que colmó el vaso han sido unos modelitos de calzoncillos que llevan en su parte delantera la famosa “torre inclinada“ o “el pene del David“ de Miguelangel. Estas prendas se mostraban abiertamente en la Plaza de los Milagros donde se agolpan los visitantes para ver la Torre de Pisa.
Algunos vecinos, la Iglesia y las autoridades se han puestos serios y han dicho ¡basta! Con los símbolos del arte italiano no se juega. Las imágenes estaban impresas en la parte delantera de los calzoncillos con una clara connotación sexual. A partir de ahora los comerciantes que las ofrezcan, pueden llegar a pagar multas de hasta 500 euros.
Santa Cruz de Mompox, Mompox o Mompós, es un municipio de Colombia, en el departamento de Bolívar. Por su fabuloso centro histórico fue declarada Monumento Nacional en 1959 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995. Y, entre su haber cultural, destaca el de la orfebrería.
Las técnicas de orfebrería y filigrana han afianzado una tradición única en Mompox, que sigue pasando de generación en generación, no sin las dificultades que un trabajo artesanal requiere para su conservación.
Aquí los jóvenes compaginan el aprendizaje de ese oficio con la educación formal, y el resultado son exquisitas filigranas en metales preciosos con marcada influencia árabe. El mejor “souvenir artístico” que podemos encontrar en esta zona, al menos si os gusta la orfebrería, que es una de mis pasiones.
Todos los países tienen un lugar que los identifica; esa plaza, edificio, monumento o fuente que actúa como emblema y bandera frente al resto del mundo. En Singapur, ese papel lo desempeña el Merlion: una estatua de lo más curiosa, situada muy cerca del puerto.
Su nombre proviene de mer (“mar”) y lion (“león”), y como la misma palabra indica, se trata de un animal mitológico, con cabeza de león y cuerpo de pez, que con sus fauces abiertas escupiendo agua constantemente, vigila la bahía de Singapur.
El icono data de 1964 y fue diseñado para servir como emblema turístico al país que ya desde el siglo XIV (mucho antes de la declaración de su independencia con respecto a Malasia) se hacía llamar “la ciudad del león”. Por su parte, la cola de pez quiere recordar el pasado de la antigua ciudad pesquera, Temasek, en la que el actual Singapur encuentra sus orígenes.
Si quieres conocer el ambiente tradicional de Albania, date prisa. Al abrir las puertas al mundo y darse a conocer, también se permite la entrada a influencias que van desdibujando la identidad propia. El bazar de Kruja, en Albania, es un ejemplo.
Aún pueden verse artesanías populares, las piezas de telar con sus colores tradicionales que los verás en casi todos los pueblos de los Balcanes, las vestimentas, la cultura típica en cada puesto. Sin embargo, como nos cuenta el vídeo que traemos, los productos chinos van llegando como una marea y no tardaremos en ver los tejidos tradicionales junto al globalizado gato dorado que sube y baja el bracito.
Recuerdo la primera vez que fui a Sarajevo, aún existía Yugoslavia, y el bazar mantenía su ambiente otomano con celosías que se cerraban al paso de los “occidentales”. Ya en mi segunda visita, Croacia y Serbia eran una realidad, en las mismas callejuelas comenzaban a verse los productos que podrías haber comprado en el negocio de “los chinos” de tu barrio.
¡Qué difícil equilibrio! Mantener lo propio, valorarlo, exhibirlo y que no pierda espacio ni protagonismo frente al souvenir globalizado e impersonal.
El mercado nocturno de Luang Prabang es uno de los mercados más pintorescos e irresistibles del sudeste asiático: un verdadero peligro para los adictos a las artesanías, los souvenirs bonitos y baratos, y la siempre apetecible comida del lugar.
Montados a lo largo de la calle principal del pueblo, los puestos convierten la vía en intransitable, lo que en absoluto impide que los turistas se abran paso a empujones entre la muchedumbre, ávidos por comprar el mejor recuerdo para llevarse a casa.
Nos encontraremos a la pequeña ciudad de Meissen en un recodo del río Elba. Lo primero que nos sorprenderá es un promontorio rocoso sobre el cual se encuentra el castillo de Albrechtsburg construido en el siglo X. Luego, nuestra vista se irá irremediablemente a las piezas de porcelana de Meissen que son casi la imágen de la ciudad.
Tener unas tazas de té con la famosa marca de las dos espadas, era un signo de categoría. Hoy la porcelana es aún uno de los recuerdos de viaje más buscados en Alemania. La fábrica de porcelana de Meissen ha producido piezas de enorme calidad desde 1710 cuando los secretos de la fórmula eran guardados en un laboratorio del mismísimo castillo de Albrechtsburg al que muy pocos tenían acceso.
El estilo de la porcelana de Meissen ha sido desde siempre muy exótico e innovador para la época. Sintió la influencia del arte oriental y estableció tres modelos de vajilla completa que fueron usados durante estos 3 siglos en las casas reales de Rusia, Francia o Inglaterra.
El templo de Tanah Lot es uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura religiosa hindú de la isla de Bali, en Indonesia.
Construido en el siglo XVI, este pequeño templo recibe todavía hoy mareas de peregrinos, que acuden a él llamados por la curiosidad que despiertan sus muchas leyendas. Y es que, según la creencia popular, en su base habitan miles de serpientes que protegen este lugar sagrado de los intrusos.