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        <title>Magazine - sherlock-holmes</title>
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        <description>Publicación de noticias sobre gadgets y tecnología. Últimas tecnologías en electrónica de consumo y novedades tecnológicas en móviles, tablets, informática, etc</description>
        <pubDate>Tue, 09 Jun 2026 21:23:26 +0000</pubDate>
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                <title><![CDATA[El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (y III) ]]></title>
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                <pubDate>Sun, 10 Feb 2013 01:08:27 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p>Tal y como os explicaba en <a rel="noopener, noreferrer" href="https://www.diariodelviajero.com/europa/el-dia-que-fui-a-visitar-la-catarata-donde-murio-sherlock-holmes-y-casi-me-electrocuto-ii">la anterior entrega de este artículo</a>, continuamos ascendiendo por el zigzagueante camino, a veces superando escaleras de piedras o de madera, <strong>tan legamosas que nos veíamos obligados a agarrarnos a unas maromas que habían dispuesto allí a modo de barandillas</strong>. La humedad era tan elevada que sudábamos más que de costumbre (aunque gracias a mi sistema de refrigeración yo lo hiciese menos). El desnivel, en ocasiones, era terrible. Así que a veces debíamos detenernos para recuperar el resuello. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Incluso, en algunos tramos, escondidos entre el follaje, había bancos de madera para tal efecto. Otros tramos del camino eran tan frondosos que el sol no conseguía llegar al suelo, así que el camino se hacía oscuro y tenebroso, <strong>y la temperatura bajaba ostensiblemente</strong>, también gracias a la película de sudor que nos cubría el cuerpo. </p>
<!-- BREAK 2 --><!--more-->
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      </div>
</div>
<p>Por fin, después de unas tres horas de ascensión, llegamos a un precipicio estrecho que estaba orientado a <strong>la cascada de Reichenbach</strong>. Tal y como nos habían puesto en antecedentes, el caudal de la cascada no era muy caudaloso, pero, con todo, las vistas eran espectaculares y el ruido, ensordecedor. Nos asomamos tímidamente al abismo, y la altura que descubrimos fue considerable. Lo suficiente como para matar a cualquiera. El torrente de agua, procedente del deshielo, levantaba una nube de espuma desde el fondo, provocando la ilusión de que el agua estaba hirviendo. Conan Doyle lo describe así:</p>
<!-- BREAK 3 -->
<blockquote>Un espectáculo grandioso. El torrente, engrosado por el deshielo, se precipita al abismo, levantando tales nubes de espuma que semejan la humareda de un incendio. La chimenea de donde surge este humo forma una brecha que se estrecha pronto para ensancharse luego en una cavidad insondable, donde las aguas se arremolinan, ora blanquean las paredes y ora las dejan de su negra y resbaladiza desnudez. El largo curso de aguas esmeraldas rugiendo siempre en su caída y la fina y rápida cortina de agua con un continuo siseo ascendente consiguen que un hombre pierda la cabeza, con su imparable ronroneo y su clamor.</blockquote>

<p>En la pared de roca, <strong>descubrimos una placa conmemorativa que consignaba que aquel lugar fue donde se produjo el enfrentamiento final entre Holmes y Moriarty</strong>, el 4 de mayo de 1891. Mi compañero de viaje y yo nos arrogamos el papel de Holmes y Moriarty, respectivamente, y fingimos forcejear en el borde del precipicio. En aquella batalla no compareció Watson, pues había sido enviado a Davos para tratar el caso de una mujer aquejada de tisis. A la esposa de Doyle, Louise, también le habían diagnosticado aquella enfermedad, así que cabe pensar que el novelista, que también era médico, se había culpado de no haber diagnosticado la enfermedad de Louise antes de que empezara aquel viaje a Suiza. </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Según <strong>Charles Higman</strong>, el biógrafo de Doyle, lo más probable es que la muerte de Holmes fuese provocada indirectamente por Louise, que reclamaba cada vez más tiempo de su marido. Además, l<strong>a muerte de Holmes precisamente en aquellas cataratas era deliberada</strong>: la visita que hizo a las cataratas con Louise había empeorado su enfermedad.  </p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>En los años 1980, Granada TV, una productora británica, rodó la que posiblemente sea la mejor adaptación a la pequeña pantalla de las aventuras de Sherlock Holmes. La serie estaba protagonizada por <strong>Jeremy Brett</strong>, al que considero el Holmes más ajustado a la realidad que nunca he visto. De hecho, tal vez influenciado por el método Stanislavsky, <strong>Brett se introdujo tanto en el papel de Holmes que acabó creyéndoselo de verdad</strong>. </p>
<!-- BREAK 6 --><div class="article-asset-image article-asset-normal article-asset-center">
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      </div>
</div>
<p>Contemplar a Brett en pantalla es fascinante, casi hipnótico: su cara no deja de hacer muecas, liberar tics nerviosos, fruncir entrecejos, aprisionar labios, lanzar miradas sagaces… <strong>su cara no deja de cambiar, moldeando las emociones, como si fueran las nubes de un cielo turbulento</strong>. Con los años, Brett acabó desquiciado, vagabundeando por las calles, probablemente debatiéndose entre su personalidad real y el personaje que de Baker Street. Pues bien, el capítulo titulado El problema final también fue rodado en estas localizaciones. </p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Aunque la caída de Holmes y Moriarty <strong>no fue exactamente filmada en la cataratas de Reichenbach sino en las inmediaciones</strong>. Con dos maniquíes.</p>

<p>Finalmente, desandamos el camino y, afortunadamente, no volví a electrocutarme. Eso sí: a punto estuve de caer de bruces en un par de ocasiones. Y, por hoy, bajo el telón.</p>
<!-- BREAK 8 -->
<p>Fotos | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:ReichenbachWaterFall.jpg">Wikipedia</a></p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (II)]]></title>
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                <pubDate>Sat, 09 Feb 2013 22:49:47 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p>Como os adelantaba <a rel="noopener, noreferrer" href="https://www.diariodelviajero.com/europa/el-dia-que-fui-a-visitar-la-catarata-donde-murio-sherlock-holmes-y-casi-me-electrocuto-i">en la primera entrega de este artículo</a>, se nos ocurrió una idea para llegar antes a la catarata de Sherlock Holmes. Para acortar el camino, <strong>optamos por dejar de seguir el serpenteante sendero y cruzar campo a traviesa las partes menos inclinadas</strong>. Ello nos obligaba a pisar también los pastos de las vacas, que nos enfilaban con una mirada estólida mientras continuaban comiendo hierba, impasibles. Este tipo de ascensión, también nos obligaba a superar los cercos de alambre de los pastos. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p><strong>¿Sabéis lo que es la "enfermedad del alambre"?</strong> Dicha enfermedad está provocada por los restos de alambre, grapas y clavos que tragan las vacas cuando comen. Para tratarlas se les administra un imán. El imán se sitúa en la primera parte del estómago y permanece ahí toda la vida de la vaca. Como si las vacas fueran cyborgs. Vacas Terminator que, en cualquier momento, fueran a mugir "sayonara, baby". O "volveré". </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Cada vez que debíamos superar un cerco de alambres, <strong>más o menos seguíamos el mismo procedimiento</strong>. A saber: yo tiraba hacia arriba del alambre, todo lo que podía, y mis compañeros de viaje pasaban por debajo inclinando la espalda (también cabía la opción de hacerlo como si bailaran el Calipso, pero no era plan). Finalmente, cruzaba yo con un hábil quiebro de cadera. Pues bien, la enésima vez que nos enfrentamos a un cerco, las cosas no sucedieron de la misma manera. De hecho, todo pasó de una manera totalmente diferente. Fue así: agarré con ambas manos el alambre, transcurrieron uno o dos segundos, <strong>y entonces sentí cómo me electrocutaba y mi corazón amenazaba con implosionar</strong>. </p>
<!-- BREAK 3 --><!--more--><p>Seguramente el calambre que sentí no fue para tanto, pero el espanto de creer que iba a morir allí agarrado, <strong>como un espantapájaros al que le han prendido fuego</strong>, provocó que lo magnificara todo. Al sentir cómo los electrones ascendían por mis brazos y se refocilaban por todo mi cuerpo, me proyecté contra el cuerpo de uno de mis compañeros de viaje dando un alarido o graznido muy poco humano, y también muy poco digno. Mi compañero me recogió al vuelo como si yo fuera una pobre damisela que hubiese caído del caballo, aunque yo me sintiese un monstruo de Frankenstein que regresaba de los muertos por obra y gracia de un rayo. </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p><div class="caption-img"> </p>
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      </div>
</div>
<p><span>Allí en pequeñito estoy yo</span> </div>Entre jadeos, sudoroso y tembloroso, comuniqué a mi compañero que había vislumbrado la guadaña de la Muerte. Mi compañero, por supuesto, <strong>se carcajeó con tantas ganas que se les escaparon un par de lagrimones</strong>. Y yo, sabiéndome vivo, hice lo propio. "Estoy vivo… vivooo". No necesité un estetoscopio que me auscultara el ritmo cardíaco para constatar que el corazon me estuvo bailando <em>cha-cha-cha</em> durante un buen rato a causa del miedo que había pasado. O eso o es que la trombosis coronaria estaba cerca.</p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>Hasta aquel día, no tenía conocimiento de los cercos eléctricos para contener los animales de granja (sí, soy un urbanita, qué le vamos a hacer). <strong>Los cercos eléctricos actúan como barrera psicológica antes que de barrera física</strong>. Cuando el animal toca el alambre galvanizado, recibe un pulso eléctrico que le hace retroceder. Pero después de recibir unas pocas descargas, en el animal queda memorizado que por allí no puede pasar, que naranjas de la China y todo eso. </p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Así pues, no hace falta poner demasiados alambres, ni decorarlos con cintas o cuerdas de llamativos colores. Una vaca que está cercada por alambre electrificado puede estar famélica pero jamás intentará ya acercarse a las crenchas de hierba que crecen al otro lado del cerco. <strong>El pastor, incluso, podría desmontar los cercos, quitando las estacas y el alambre, y las vacas, igualmente, no osarían cruzar esa línea imaginaria</strong>. </p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Las vacas se acordarán del punto exacto donde se extendía el alambre, así como sus efectos indeseados. Ya se sabe, la letra con sangre entra, al menos en el mundo de las vacas. <strong>El voltaje que se emplea no es demasiado alto, sólo es disuasorio</strong>: no se trata de condenar a la vaca a la silla eléctrica. Pero es lo suficientemente insidioso como para desalentar a la vaca de abandonar su pasto cercado. Una lección que yo, que no era una vaca, también había aprendido perfectamente. No volveríamos a transgredir las fronteras de un cerco para animales de granjas. Nunca más. </p>
<!-- BREAK 8 -->
<p><div class="caption-img"> </p>
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      </div>
</div>
<p></div>Así pues, superamos los cables como si fuéramos <strong>Ethan Hunt</strong> en <em>Misión Imposible</em>. Como si los cables fueran un láser que, al mínimo contacto, activaran la alarma del banco. Era tal la fobia que le teníamos a esos cables que no nos importaba arrastrarnos por el suelo cuan largo éramos, pringándonos de barro, <strong>al estilo de reclutas superando alguna prueba física en el campo de entrenamiento</strong>. Cualquier cosa antes de volver a sentir aquel chispazo. </p>
<!-- BREAK 9 -->
<p>Sin embargo, tanta contorsión me originó un problema. Aquella mañana, mi pantalón había amanecido con una diminuta fisura en la zona de la entrepierna, allí donde empieza la costura de la bragueta. Después de superar el último cerco galvanizado, oí un ¡ras! y la diminuta fisura se trocó en una brecha. <strong>Más bien un raja que iba desde el inicio de la costura de la bragueta hasta casi la altura de la rodilla, hasta la corva</strong>. El pantalón se me abría de tal manera, según cual fuese mi posición, que literalmente me exhibía al mundo como si estuviera haciendo un striptease. No sólo mostraba gran parte de mi muslo sino también una sección de mis calzoncillos. </p>
<!-- BREAK 10 -->
<p>Tenía otro pantalón de recambio, por supuesto, pero estaba doblado en un armario de la autocaravana, de modo que mi única opción era continuar el viaje hacia la cascada de Sherlock Holmes enseñando mis encantos. <strong>Como si fuera Hulk, pero al revés</strong>: a Hulk se le hace jirones toda la ropa menos los pantalones, a mí sólo los pantalones. El lado positivo de aquello es que ahora tenía un excelente sistema de refrigeración. </p>
<!-- BREAK 11 -->
<p>En la <a rel="noopener, noreferrer" href="https://www.diariodelviajero.com/europa/el-dia-que-fui-a-visitar-la-catarata-donde-murio-sherlock-holmes-y-casi-me-electrocuto-y-iii">tercera y última entrega de esta serie de artículos</a> sobre la cascada de Sherlock Holmes, por fin llegamos a la catarata. O eso espero.</p>

<p>Fotos | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Meiringen">Wikipedia</a></p>
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                <title><![CDATA[El día que fui a visitar la catarata donde murió Sherlock Holmes… y casi me electrocuto (I)]]></title>
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                <pubDate>Sat, 09 Feb 2013 13:49:02 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p>Supongo que todos sabéis que <strong>Sherlock Holmes</strong> moría en las cataratas de Reichenbach junto a su arhienemigo <strong>Moriarty.</strong> (Bueno, en realidad no moría, como descubriríamos años más tarde). Lo que probablemente no sabéis es que dichas cataratas existen, y que pueden visitarse. Yo lo hice en uno de mis viajes a Suiza, pero <strong>casi me electrocuto al intentarlo</strong>. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Sirva este relato un tanto patético sobre mi viaje para descubrir un poco más sobre el país helvético, <strong>a la vez que echáis unas risas a mi costa</strong>, como si yo fuera una mezcla de Mr Bean y Benny Hill.</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Lo primero que hicimos fue llegar en tren a <strong>Meiringen</strong>, un pueblo consagrado a la figura del famoso detective. Por ejemplo, una de las calles del pueblo se llama precisamente <strong>Baker Street</strong>, y tiene el número 221b (en Londres, donde se encuentra la casa original de Holmes, en realidad era la residencia de Conan Doyle, que a su muerte fue convertida en el 221b de Baker Street: el edificio es propiedad de una empresa que incluso contesta a todas las cartas que diariamente recibe el detective; y ha publicado algunas de ellas). </p>
<!-- BREAK 3 --><!--more-->
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   <img alt="Sherlock Holmes" class="derecha_sinmarco" src="https://i.blogs.es/803050/320px-meiringen_sherlock_statue/450_1000.jpg">
   
      </div>
</div>
<p>En Meiringen también hay <strong>un hotel Sherlock Holmes</strong>. Y hasta una fondue Sherlock Holmes. El hotel Park Du Savage, que fue el hogar de Conan Doyle en sus estancias en Suiza, <strong>ofrece a sus huéspedes veladas detectivescas con actores profesionales</strong>. ¿Os imagináis pasar una aventura nocturna tratando de esclarecer quién ha asesinado al maître?</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>A pocos minutos de camino (a pie), alcanzamos la periferia del pueblo <strong>hasta llegar a la estación del funicular que supuestamente debería llevarnos hasta las cataratas de Sherlock Holmes</strong>. Matizo lo de "supuestamente" porque en aquellas fechas (octubre) el funicular ya estaba cerrado: la época turística ya había concluido y la catarata tampoco ofrecía ya su poderoso caudal, característico de la canícula. </p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>Si hubiéramos llegado una semana antes, no hubiese habido problema. Pero si pretendíamos subir hasta la cascada aquel día, <strong>estábamos obligados a hacerlo a pie</strong>. Lo cual iba a ser mucho más divertido.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Así pues, empezamos a ascender por el empinadísimo camino, <strong>siempre perfectamente indicado con letreros que también ofrecían el tiempo estimado de llegada</strong>. Esos tiempos estarían calculados para suizos con una salud cardiovascular envidiable, porque pronto descubrimos que, en lo que respecta a nosotros, esos tiempos deberían haberse multiplicado por dos o hasta por tres. Cuando ponía que faltaba una hora para llegar a X lugar, por ejemplo, nosotros tardábamos dos horas. </p>
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<p>Y a medida que nos agotábamos, las estimaciones de tiempo ya no tenían ningún sentido: siempre se basaban en la hipótesis, por otro lado demasiado optimista, de que uno anda con el ritmo de un metrónomo, sin acusar cansancio, sin rebajar el ritmo… <strong>sin necesidad de tumbarse cuan largo es en el suelo para recuperar el resuello mientras su corazón atrona en el pecho</strong>, y de su garganta escapa un quejido sostenido que trata de articular una frase bastante parecida a: "Socorro, por los clavos de Cristo, que venga a buscarme una ambulancia".</p>
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<p>Pero se nos ocurrió una cosa para acortar el camino. Os la explicaré en <a rel="noopener, noreferrer" href="https://www.diariodelviajero.com/europa/el-dia-que-fui-a-visitar-la-catarata-donde-murio-sherlock-holmes-y-casi-me-electrocuto-ii">la próxima entrega</a> de esta serie de artículos sobre la catarata de Sherlock Holmes.</p>
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<p>Fotos | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Meiringen">Wikipedia</a>
En Diario del Viajero | <a rel="noopener, noreferrer" href="https://www.diariodelviajero.com/europa/siguiendo-las-huellas-de-sherlock-holmes-en-londres">Siguiendo las huellas de Sherlock Holmes en Londres</a></p>
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