
Salió hacia Asia para pasar un mes fuera y acabó quedándose 16; después llegaron Sudamérica, una lesión de rodilla y una nueva bicicleta comprada en Cádiz con la que está recorriendo África
Cruzar el desierto en bicicleta, buscar dónde dormir y volver a ponerse en marcha al día siguiente. Así han sido muchas de las jornadas de Natalia Lartitegui, una bilbaína de 26 años que ha recorrido más de 9.000 kilómetros por África desde que salió de Cádiz en octubre de 2025. Lo cuenta en una entrevista con National Geographic durante una pausa con su familia en Bilbao: la bicicleta y sus pertenencias se quedaron en Camerún, donde prevé regresar el 24 de octubre para continuar la ruta.
No se trata de la primera aventura viajera de Natalia. En agosto de 2023 se marchó a Jordania, atraída por los vuelos baratos, con la idea de pasar poco más de un mes fuera y volver para terminar la universidad. Aquella escapada acabó convirtiéndose en un recorrido de 16 meses por Asia. "Yo dije que me iba un mes, un mes y medio, y que en teoría volvería para acabar la universidad. Nunca dije que me iría año y pico".
La bicicleta llevaba años rondándole la cabeza, entre libros, vídeos y encuentros con otros viajeros que pedaleaban. Además, echaba de menos hacer deporte mientras viajaba. "Viajar en bici me permitía conocer lugares y mantener el cuerpo en activo", explica. Después pasó cinco meses en Sudamérica. Durante los dos primeros viajó en bicicleta, hasta que una lesión de rodilla la obligó a cambiar los planes. Tras hacer recuperación en Chile, pasó por las playas de Brasil y la Amazonía ecuatoriana antes de volver a casa en junio de 2025.
En octubre de 2025 compró otra bicicleta en Cádiz y empezó la ruta africana. En Marruecos eligió la costa para evitar la exigencia física del Atlas durante las primeras semanas. Después llegó el Sáhara Occidental.
Buscar sombra, encontrar compañía y decidir dónde dormir
En el Sáhara pedaleaba bajo el sol, con un calor seco y muy pocas paradas donde abastecerse: "El tramo más largo fue de unos 300 km, donde solo había dos gasolineras y un restaurante. Sombra, ninguna".
En esa travesía, los camioneros se paraban a ofrecerle agua, comida e incluso dinero o un sitio en el camión. Para pasar la noche buscaba lugares donde resguardarse: "Yo dormía en gasolineras y, a veces, junto a los cuarteles militares, por seguridad y por el viento".
Viajar sola también le ha dejado margen para buscar compañía cuando la necesitaba. En Mauritania esperó una semana a otros dos ciclistas para subir con ellos y su bicicleta al tren del hierro. No se veía haciéndolo sola. Más adelante, para atravesar Nigeria, viajó con Igor, un ciclista suizo, porque era una parte de la ruta que le preocupaba especialmente.
Entre una etapa y otra, el paisaje cambiaba y ella tenía que adaptarse. El paso del desierto a Senegal la sorprendió por la música, los colores, la comida y toda la atención que recibía. Después, con más confianza, se animó a tomar caminos de tierra y a dormir en casas, colegios y, a veces, iglesias.
Elegir dónde pasar la noche forma parte del viaje tanto como pedalear. Sus jornadas suelen estar entre los 60 y los 100 kilómetros, aunque en el desierto llegó a hacer 170. El cansancio, un pinchazo o el estado del camino deciden cuánto avanza.
Y sí, también hay días en los que se pregunta para qué se ha metido en todo esto. Lo cuenta sin quitarle importancia al esfuerzo: "No ha habido un momento en que casi cancelara el viaje, pero a veces me da un bajón y me pregunto qué necesidad tengo de estar aquí. Hay noches en las que no duermo bien por el calor o por los mosquitos".
Luego están las vistas que aparecen al terminar una cuesta y los encuentros con niños y familias. Esos momentos también forman parte de su rutina: "Todos los días hay momentos en los que digo: qué feliz soy".
Tras la pausa, su idea es continuar hacia el sur, explorar la posibilidad de entrar en Guinea Ecuatorial y Gabón, alcanzar Sudáfrica y después subir hacia Kenia. "Calculo uno o dos años más, pero todo está abierto a cambiar".
Todavía le quedan muchos kilómetros de este viaje y ya tiene curiosidad por el siguiente: pasar una temporada en Kiribati o Tuvalu, pequeños países de Oceanía que apenas conoce. De momento, el plan es volver a Camerún el 24 de octubre y reencontrarse con la bicicleta que dejó allí.
Fotos | Natalia Lartitegui
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