El Hombre de la Máscara de jade

Palenque, México, ha sido uno de los grandes descubrimientos arqueológicos americanos. Una fuente inagotable de piezas e historia que tiene mucho mas para contar. Allí se encontró al famoso “Hombre de la Máscara de jade“.

Las noticias referentes al Templo de las Inscripciones en Palenque fueron escasas hasta 1949, cuando el arqueólogo mexicano Alberto Ruz Lhuillier descubrió una gran losa de piedra en el suelo del templo, la retiró y encontró el comienzo de una escalera, bloqueada por una masa de escombros que su equipo tardó tres años en despejar. Al pie de las escaleras, exactamente a ras del suelo, Lhuillier descubrió una lápida triangular vertical y los esqueletos de seis personas jóvenes, probablemente víctimas de sacrificios.

Al retirar esa losa, se llegó a una tumba que se había salvado del saqueo durante mas de 1.000 años. Según la crónica del arqueólogo: “una enorme sala vacía que parecía tallada en hielo, una especie de gruta cuyas paredes y techo semejaban superficies perfectas, o una capilla abandonada cuya cúpula estuviera cubierto de estalactitas y de cuyo suelo surgían gruesas estalagmitas como los goteos de una vela…

Allí ocupaba un lugar especial una lápida de piedra de 5 toneladas con magníficas tallas, colocada sobre un sarcófago. En las paredes había relieves escultóricos que representaban a los nueve Señores de la Noche venerados por los mayas. Todo señalaba una tumba de un personaje trascendente.

Dentro del sarcófago, Lhuillier descubrió los restos de un hombre alto, fallecido hacia sus 40 años. Su cuerpo y su rostro permanecían cubiertos de joyas de jade, que contrastaban con el revestimiento rojo de la tumba. Enormemente lujosa era la máscara funeraria, de mosaico de jade, con curiosas incrustaciones de obsidiana y nácar en los ojos.

Las tallas de la lápida del sarcófago constituyen un valioso símbolo del tránsito del alma al reino de los muertos. Y más concretamente, describen la trasformación de un jefe maya en un dios. Hoy ya podemos darle nombre a ese soberano: Pakal.

Según las inscripciones, sin embargo, Pakal murió a los 80 años de edad, en el 683 dC, hecho que resulta extraño porque el esqueleto corresponde a un hombre mucho más joven. Durante su mandato se construyó el gran palacio y Palenque alcanzó el apogeo de su poder, predominando sobre muchas comunidades mayas de la zona. Pacal trasformó Palenque en un importante conjunto ceremonial, donde se combinaban antiquísimos rituales relacionados con el ciclo agrícola con un extraordinario culto a los antepasados.

En una sociedad en la que el culto a los muertos ocupaba un lugar primordial, la tumba de Pacal es la síntesis de todos los rituales funerarios de la élite maya. Los antepasados de Pacal se hallan instalados en una cueva situada al lado de su sarcófago; a la vez, todos sus sucesores dejaron inscripciones en las que reafirmaban su especial relación con él.

La máscara funeraria de Pacal está compuesta de 200 fragmentos de jade montados en un molde de madera. Los ojos son de nácar y obsidiana. El esqueleto tenía asimismo otros adornos de jade: pendientes, un collar y anillos en los dedos. En su boca portaba una piedra de jade de gran tamaño, otras dos en las manos y, a sus lados, le acompañaban dos figuras de igual material.

La máscara de Pakal se expone en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

Fotos | Ales Liska
En Diario del Viajero | Mayas

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