La Ruta de los Exploradores Olvidados en América

Viajo en moto para explorar, exploro para escribir y escribo para emocionarme. Así de simple. La moto y la literatura de viajes son algo más que una pasión. He hecho de viajar en moto un modo de vida. Me he inventado una profesión malpagada pero emocionante. A día de hoy debo ser el motociclista español con más pegatinas en las maletas. Sin embargo, todavía siento vértigo ante la cercanía de una nueva frontera, de un horizonte desconocido. En este oficio uno nunca sabe lo suficiente ni termina de aprender. Lo único que hoy sé a ciencia cierta es que mañana cometeré otra torpeza, que caeré otra vez en un error, que volveré a perder el camino correcto.

Por eso es tan apasionante viajar en moto. Porque todavía es posible la exploración, porque el rumbo es incierto y porque uno siempre es un novato en la carretera que se acaba de encontrar por primera vez. El transporte aéreo ha llenado el planeta de pasajeros con billete de ida y vuelta, pareciera que el mundo hubiera empequeñecido, pero viajar en moto es, aún hoy, conquistar y devolver el planeta a su gigantesca extensión. Ganar los destinos poco a poco los hace tuyos. En Samarcanda, Jerusalem, Ciudad del Cabo o Nueva York no me sentí extranjero porque a todas esas ciudades llegue metro a metro, contemplando cambiar paisajes y gentes. Yo era su conquistador y también su más legítimo ciudadano.

Viajar en moto en busca de las huellas los héroes

El viaje en moto es épica y es lírica. Esto es lo que me interesa. Yo no soy un motorista, sino un escritor. La moto es solo una herramienta del arte. Como un ordenador o un cámara de fotos. Sin ella, no hay relato. Sobre ella soy protagonista pero también observador. Desde fuera observo al aventurero, al motorista solitario que se pierde tras el horizonte. Podría moverse de un modo más confortable, pero elige sufrir porque tragando polvo, viento y arena se convierte en nómada, en explorador, en parte del paisaje y de la historia que narra.

Y de historias se trata. De nuestra historia. Pero no de esa gran Historia que se estudia en los libros de texto sobre batallas, reyes e imperios. Me refiero a la historia de los pequeños hombres que se hicieron grandes superando adversidades. Nuestro pasado está lleno de exploradores, de quijotes, de viajeros arrojados, de héroes cuyo tiempo pareceriera haber pasado. Sin embargo, sus peripecias son tan asombrosas que si les damos una oportunidad, nos apasionarán como si fueran personajes de la mejor película de acción.

La literatura épica habla del valor y la determinación del héroe clásico. Mitad loco, mitad romántico, a veces imperfecto, siempre arrojado. ¿No es acaso héroe Alonso Quijano cuando se convierte en Don Quijote? A pesar de haber comenzado a dibujarle como ridículo chalado, el propio Cervantes acaba encariñado con su criatura. ¿No nos ha sucedido eso mismo a todos? Nuestro pasado está lleno de tipos heroicos y algo chalados, porque siempre hay que estar algo chalado para acometer empresas que tus contemporáneos rechazarían.

Son personajes como el Capitán de Cuellar en Irlanda, náufrago de la Armada Invencible que tras siete meses de fuga, logró escapar de los ingleses; como Rui González de Clavijo, quien llegara a Uzbekistán en el siglo XV, o el jesuita Pedro Páez, quien en el siglo XVII fue hecho prisionero por piratas y pasó esclavo seis años en Yemen antes de poder llegar a Etiopía y convertirse en descubridor de las fuentes del Nilo Azul. Adolfo Rivadeneyra recorrió a pie Irak e Irán en el siglo XIX; Fernando de Aranda construyó la estación del Hiyaz en Damasco a comienzos del XX.

En América hay personajes enormes y poco conocidos más allá de los Cortes, Pizarro y Trujillo. Como Ponce de León, descubridor de la Florida; Menéndez de Avilés, fundador de San Agustín, la primera ciudad en Estados Unidos; Núñez Cabeza de Vaca, quien recorrió a pie Norteamérica; Juan Bautista de Anza atravesó el desierto desde Arizona al Pacífico; Fray Junipero Serra, el franciscano que fundó las misiones en California y único español que tiene una estatua en el Capitolio.

Es injusto este olvido, pero intentar refrescar su recuerdo también es una oportunidad para quienes pensamos que la exploración no ha terminado ni tampoco sus protagonistas. Tras haber cruzado Europa, África, India, Nepal y Asia tras los exploradores españoles, hoy escribo estás líneas desde Vancouver, donde casi acabo de aterrizar procedente de Manila, y a muy pocos kilómetros donde se ubicó el Fuerte San Miguel, único establecimiento español en Canadá. Desde aquí salieron las expediciones exploratorias que fundarían los dos pueblos en Alaska con nombre español: Cordova y Valdez.

América en moto de Norte a Sur

Comienzo así nueva aventura hasta Tierra del Fuego. Recorreré el continente de norte a sur. Siento vértigo. Pero no es la inmensa geografía americana lo que me atemoriza, sino su inabarcable Historia. Hay tantas gestas, tantos exploradores olvidados que me veo incapaz de abarcarlos a todos. Necesitaría diez vidas para ello. Aun así, estoy feliz y excitado aunque no pueda imaginar que sorpresas me deparará la singladura.

Del mismo modo que los navegantes de la Época de los Descubrimientos se lanzaban sin cartas de marear en pos de lo desconocido, yo me entrego ahora al camino con mi desconocimiento, mis debilidades y mis miedos. No me avergüenzo. Lejos de ser obstáculos en mi ruta, son mis mejores aliados. Constituyen los ladrillos del relato, de lo que será la crónica sincera de un tipo asombrado y vulnerable. Porque yo no pretendo batir records ni correr un París Dakar. Viajo no para llegar sino para contar, el destino es siempre lo de menos. Viajo para explorar, exploro para escribir y escribo para emocionarme.

Miquel Silvestre es escritor, viajero y gran bebedor de cerveza. Ha recorrido en motocicleta más de 85 países tras las huellas de los exploradores españoles menos conocidos para tratar de rescatar el recuerdo de una épica de quijotes, santos y locos. Además de numerosas obras de ficción ha publicado dos libros de viajes: Un millón de piedras con 15.000 kilómetros africanos en su interior y Europa Low Cost, o como recorrer el viejo continente en moto sin pedir vacaciones ni arruinarse. Puedes seguir sus tropezones por el mundo en Twitter en @MiquelSilvestre. Miquel irá relatando en Diario del Viajero su recorrido por América a bordo de su moto. Sus experiencias, aventuras, descubrimientos, serán inspiración de muchos y seguramente nos hará pasar muchos y muy buenos momentos. Cada jueves, viajaremos con Miquel por las rutas de América.

Foto | Miquel Silvestre
Video | Youtube
En Diario del Viajero | Comunidad de viajeros: Caminos secretos de América

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