Los cruceros siguen llegando a Haití

El viernes pasado, el crucero Independence of the Seas de la compañía Royal Caribbean, hizo su parada habitual en el puerto de Labadee, en Haití.

La empresa naviera decidió seguir con la ruta normal una vez que se comprobó que el puerto no había sido afectado por el terrible terremoto que sacudió Haití el pasado martes.

En los próximos días, otros cruceros de la misma empresa que opera en exclusiva en Labadee, llegarán a puerto. El Navigator of the Seas lo hizo ayer, el Liberty of the Seas mañana, el Celebrity Solstice lo hará el viernes y el sábado regresa el Independence.

Ante la dimensión del drama que se vive en Port-au-Prince, a 140 kilómetros del puerto de Labadee, podríamos cuestionarnos: ¿es correcto que los cruceros sigan llegando a Haití y sus pasajeros disfrutando de las bondades de su playa, mientras la muerte y la destrucción acampan a poca distancia?

Ante tal pregunta, que viene inflamando los foros de viajeros de cruceros en estos días y que le ha valido críticas y felicitaciones por igual a la empresa Royal Caribbean por su decisión, debemos saber que:

  • Haití sufría antes del terremoto. Es conocido como el país más pobre de América y al nivel de los más pobres entre los pobres del mundo.
  • Los cruceros llegan a un puerto gestionado de forma privada, construido por la empresa.
  • La afluencia de barcos de pasajeros se remonta a 30 años atrás.
  • Los pasajeros sólo bajan a puerto y recorren una hermosa pero pequeña playa que se encuentra desde siempre con custodia de seguridad.
  • El movimiento constante de cruceros en Labadee da trabajo a mas de 500 haitianos, entre el personal de puerto y de las tiendas de la playa.
  • La empresa cuenta con unos 200 empleados haitianos en su plantilla a bordo.
  • Durante su parada en el puerto de Labadee, el Independence desembarcó alimentos y medicinas que envió a Port-au-Prince: leche en polvo, agua, alimentos enlatados y no perecederos que distribuirá una ONG americana.
  • Este tipo de aportes serán continuados por los próximos cruceros que arriben a puerto.
  • La empresa ha anunciado que donará 1 millón de dólares a entidades para la reconstrucción de Haití y la parte proporcional de las ganancias correspondiente a su parada en el puerto haitiano.

Una vez que los periodistas se vayande Haití. Cuando la opinión pública dirija su mirada a otras noticias más o menos dramáticas, la situación en Haití seguirá requiriendo el soporte internacional.

El turismo es, sin dudas, una de las fuentes de ingresos y trabajo que puede colaborar en la reconstrucción en casos como éste. Sucedió también en la tragedia del tsunami en el sudeste asiático.

Islandia, por ejemplo, confía que las nuevas rutas que empieza a operar su empresa aérea nacional, Icelandair, puedan ayudar a su maltrecha economía abatida por la crisis con el ingreso de necesarios euros/dólares.

La Organización Mundial del Turismo ha hecho una declaración oficial solidarizándose con las víctimas de la tragedia en Haití y recuerda que la industria turística "... puede ser un instrumento de utilidad en el necesario proceso de reconstrucción".

Entiendo que para algunos pueda resultar chocante que el barco haya parado en Haití a escasos días del terremoto. Algo similar ocurrió en Indonesia con los cruceros de Navidad y Fin de Año por el Sudeste asiático en el 2005.

¿Frivolidad? ¿Insensibilidad? No lo creo. Al menos, no más que lo que ocurría antes del terremoto cuando los pasajeros bajaban a bañarse en una playa custodiada por policía.

A diario miles de turistas visitan países donde a escasos kilómetros (o metros) hay niños explotados en fábricas o minas. Hay países con centros comerciales para turistas en los cuales su población no tiene derecho a entrar. Hoteles con precios de lujo en comunidades con rentas míseras. Pero eso no invalida que los ingresos derivados del turismo colaboren en el desarrollo de esas sociedades y quizás, en un mayor grado de libertad para todos.

Mucho se puede discutir de los efectos positivos y nocivos de la industria turística en las comunidades que la reciben. Sin embargo, negar la posibilidad de ayudar en parte a los que necesitan en una situación de emergencia como la que vive Haití hoy, me parece mezquino.

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