Gracias a una expedición a la Antártida, descubrimos que nunca debemos comernos un perro husky

La Antártida es el continente más remoto, frío y ventoso de la Tierra. El 27 de enero de 1820, fue el día en el que los humanos vieron las costas este continente por pri­mera vez; en particular un ser humano: Fabian Gottlieb von Bellingshausen, capitan de la flota rusa.

Saltamos al año 1911, cuando Australia mandó una expedición científica a la Antártida que duró hasta 1914. Por allí también andaba Xavier Mertz, un explorador, alpinista y esquiador suizo, que había sido contratado por el líder de la expedición, Douglas Mawson. Aquellos hombres eran el equivalente de los primeros astronautas que llegaron a la Luna, como podéis contemplar en las fotos de la expedición que jalonan este artículo. ¿Acaso no parecen fotografías de otro planeta?

El propio Mawson lideraría la más importante de dichas expediciones, y con él irían Mertz y el teniente británico B.E.S Ninnis. El objetivo principal: dibujar el mapa del interior de la Antártida. Durante el duro viaje, uno de los miembros del equipo, Ninnis, se precipitó por una grieta de hielo, llevándose con él la mayoría de los trineos y la mitad de los perros. Casi sin provisiones, los supervivientes tuvieron que recorrer entonces 480 km para volver a la base.

Para no morir de hambre, Merz, que era vegetariano, se vio obligado, junto a su compañero, a comerse los perros que quedaban. En primer lugar, sacrificaron a un perro para alimentarse ellos mismos y a los demás perros. Así continuaron durante diez días hasta que el último perro fue sacrificado. Al poco, Mertz acabó muriendo, y Mawson enfermó, pero consiguió seguir adelante. El regresó de Mawson a la base, llevando consigo valiosas muestras geológicas, fue, en palabras de Edmund Hillary, el más impresionante de los viajes en solitario en la Antártida.

El fallecimiento de Merz nada tenía que ver con que fuera vegetariano. Ni siquiera con que se comiera un perro. La razón fue que se comiera precisamente un husky.

Y es que los huskies, tal y como sucede con las focas y los osos polares, han evolucionado para poder asimilar algas marinas ricas en vitamina A. Los seres humanos, no obstante, no lo han hecho, y en solo 100 gramos de hígado de husky hay suficiente vitamina A como para matar a un hombre adulto. Un pequeño detalle que pasó por alto Merz, así como también fue un pequeñísimo detalle relativo al estaño el que mató a Robert Falcon Scott cuando intentó llegar al Polo Sur, tal y como os expliqué en Lo más fuerte se vuelve quebradizo o de cómo el estaño mató al primer hombre que quiso llegar al Polo Sur.

</p><p>Más información | <a href="http://www.natureduca.com/ant_exp_mawson1911_3.php">Naturaleza Educativa</a><br />

Fotos | El Lémur
En Diario del Viajero | La primera mujer que cruza la Antártida en solitario
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