Cabo de Gata: arrecife de las Sirenas y Faro

Hace una semana estuve en Almería, en la zona del Cabo de Gata, situado en el extremo suroriental de la provincia. Lo que más me sorprendió es el paisaje prácticamente desértico, lo cual, por otro lado, convierte al Parque Natural Cabo de Gata-Níjar en un espacio único, que cuenta con especies de fauna y flora singulares.

Pero me detengo hoy en uno de los paisajes que más me cautivaron: el punto geográfico exacto del Cabo de Gata, con el mirador hacia el arrecife de las Sirenas y el faro, aviso de navegantes. Se llega a este lugar tras pasar San Miguel de Cabo de Gata, pequeño pueblo de pescadores, y bordeando la Reserva de las Salinas a nuestra izquierda y la playa, muy cerca, a la derecha.

Al fondo vemos cómo se eleva el terreno, la costa se hace abrupta y, sí, por ahí tiene que pasar nuestro coche. Una carretera estrecha y sinuosa nos presenta finalmente al faro. Vale la pena adentrarse por estas curvas, si a su término nos encontramos con un paisaje como el que sigue.

Nos hallamos en el finisterre suroriental de la Península Ibérica, coronado por el Faro de Cabo de Gata, situado sobre el promontorio que albergaba las ruinas del Castillo de San Francisco de Paula. Esta fortaleza vigilaba los posibles desembarcos de saqueadores en la Playa de Corralete, en la cara sur del cabo.

El faro fue construido en la década de 1860, y sus destellos nocturnos, que superan los 200 kilómetros, sirven de referencia para la navegación de la zona.

Junto al faro se encuentra el mirador de las Sirenas, que ofrece un paisaje volcado al mar, cristalino, arriscado, y desde el que se puede observar, si el viento lo permite, pequeñas lanchas repletas de buceadores que hacen prácticas en estos fondos tan singulares. Verde escarlata, azul cobalto, ocres, platas... una estupenda paleta de colores tiñe nuestra mirada desde lo alto.

Las formas escarpadas de las rocas del arrecife y su singular color oscuro nos recuerdan el origen volcánico de estas tierras. En realidad estamos ante un conjunto de chimeneas volcánicas que en la antigüedad estuvieron pobladas de focas monje, y cuentan que los navegantes confundían sus gritos con los cantos de sirenas. Aquí encontramos la explicación al nombre del arrecife, y nos preguntamos... ¿algún navegante, como en la Odisea, sucumbiría a los cantos de las sirenas?

Ahora, desde lo alto del mirador sólo se escucha el rugir del mar y del viento a partes iguales. Pero resulta igualmente encantador y espectacular. Color, olor y sonido se combinan para disfrutar del paisaje en su plenitud. Sentarse en las rocas para impregnarse de todas estas sensaciones desde lo alto es una experiencia fascinante.

El mirador cuenta con una caseta de información turística en la que podemos hacernos, si aún no lo tenemos, con un mapa de la zona, y nos aconsejarán sobre cuáles son nuestros próximos mejores destinos por los alrededores. Y es que esta zona de Almería da mucho de sí.

Un último consejo: en el punto de información me enteré de que las mejores vistas desde el Cabo de Gata se dan al atardecer. Lástima que no pudiera volver a comprobarlo. Quizá en otra ocasión.

Más información | Parque Cabo de Gata

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