Évora: romanos, árabes y cristianos ( I )

Descubrir Evora será una sorpresa para más de uno.

Para iniciar nuestro recorrido por el Alentejo portugués (extensión natural de la tierra extremeña española), llegamos a Evora que puede considerarse su "capital".

El casco antiguo de esta ciudad tiene méritos suficientes que le han merecido ser declarada en 1986 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí conviven las murallas de todos los pueblos que por aquí pasaron.

Eso quise plasmar en la foto que ilustra este post. Aquí vemos las columnas remanentes del antiguo Templo de Diana (s.II d.C) que levantaron los romanos. Detrás de ellas, se adivina la figura de la torre árabe y a su lado, el portal del Convento dos Loios, convertido hoy en una Pousada Nacional (al estilo de los Paradores españoles).

Los romanos la llamaron Ebora Cerealis. Nombre lógico ya que se levantó en medio de una vasta zona cerealista y, por ello, encrucijada de caminos. Fueron ellos también quienes construyeron la primer muralla o Cerca Velha, reformada y mantenida por visigodos y árabes, entre los siglos I al XII.

En la parte alta de la colina sobre la que se asienta Evora, pueden verse aún unos cientos de metros de esta muralla y algunas puertas, como la Porta da Moura.

Como dijimos antes, uno de los vestigios más importantes que nos dejaron, es el Templo de Diana que estuvo en uso desde aquellos tiempos hasta el siglo XVIII cuando funcionaba como matadero. Además, el magnífico Acueducto da Agua da Prata se extiende desde las afueras de la ciudad y caminando sus calles podremos encontrarnos con algunos de sus arcos aún en pie. Estas obras de ingeniería sufrieron modificaciones en el siglo XVI para garantizar el tránsito de agua desde una fuente natural a 15 kilómetros. (ver galería de imágenes)

El paso de los árabes por esta región, hizo de Evora una de sus ciudades principales. Aprovechando las estructuras defensivas romanas que encontraron, dibujaron entre las murallas un sinfín de callejuelas. Esta estructura se mantuvo hasta hoy.

"En los siglos XI y XII fue residencia habitual de los monarcas portugueses. La ciudad de Evora era punto convergente de artistas de renombre, adoptados por el mecenazgo que ejerció la dinastía reinante en Portugal, la Casa de Avís. Enocntramos obras de diversos estilos: del manuelino, del mudéjar, del renacimiento y del manierismo.

La riqueza proporcionada por los descubrimientos (oro, esclavos, especias), creó condiciones particularmente favorables para que la corte asumiese una vocación de centro cultural y de mecenazgo. Destacan, así, las numerosas mansiones aristocráticas de la ciudad; la universidad jesuítica, fundada en 1559 y una maravillosa serie de edificios de estilos manuelino y renacentista."

La Universidad do Espírito Santo, del siglo XVI, renacentista, cuenta con un portal de columnas de mármol y un espléndido claustro de un barroco incipiente. A corta distancia, se encuentra el Museo Municipal que ocupa un magnífico palacete que fuera el Palacio Episcopal.

Pero la pieza principal de la ciudad es la Catedral de Santa María de la cual hablaremos mañana.

Pero no podemos dejar Evora sin visitar la Iglesia de San Francisco, especialmente su Capilla de los Huesos. Literalmente, revestida con las calaveras y huesos de 500 monjes. Una visión que espanta y atrae al mismo tiempo. "Nosotros, huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos". Así reza el arco de entrada a la misma.

Y leyendo ésto, mis "huesos" salieron volando de allí buscando un poco del sol portugués. Y después de un exquisito café al estilo local (cortito y fuerte), junté fuerzas para visitar la Catedral.

Hasta mañana...

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