Manarola, el pequeño pueblo pesquero situado en la riviera de Liguria (Italia)

  • Manarola es un pueblo pesquero situado en el norte de Italia, en la riviera de Liguria, que se asoma como si fuese un balcón sobre el mar. Sus orígenes son muy antiguos, ya que proviene de un asentamiento romano. Tanto es así, que en el centro del pueblo todavía existe un templete dedicado a los Manes – los dioses romanos protectores de la casa, que representaban a los espíritus de los parientes difuntos.

    El pueblo se levanta sobre un escarpado promontorio de roca oscura con vistas a un puerto encerrado entre dos malecones. Sus casas pintadas de colores pastel, que parecen mimetizarse con el paisaje, responden a la estructura de casas-torre que solían construirse a principios de la Edad Media para defensa de los poblados del ataque de los turcos y de los piratas.

    Curiosamente, entre las casas altas y estrechas aparece una pirámide blanca – una señal trigonométrica -, que además de simbolizar la sabiduría, es un punto geodésico reconocible que indica a los navegantes cómo llegar a buen puerto sin encallar entre los arrecifes. Sin embargo, lo más sorprendente de este lugar lleno de encanto es que las barcas han de izarse a pulso desde el puerto hasta una terraza, a los pies del pueblo, con ayuda de cuerdas, porque no existe embarcadero alguno.

    A Manarola se puede llegar por tren (ruta Pisa-Génova), la última estación el la de La Spezia; también existen enlaces por mar en barcas desde La Spezia, Porto Venere y Portofino. Su orografía que desciende hacia el mar con una fuerte pendiente ha propiciado el aislamiento de la zona hasta la década de los 60 cuando el desarrollo del turismo devolvió a la zona un poco de bienestar.

    En la actualidad, el lugar está catalogado como Patrimonio Mundial de la Humanidad, y desde 1998 ha pasado a convertirse en Parque Nacional y Zona Marina Protegidos. ¡Y con razón!

    Este escarpado terreno ha procurado ser modelado, durante siglos, por la mano del hombre dando lugar a numerosas terrazas, que forman casi 7.000 kilómetros de muros construidos con piedras, unidas sin cemento, donde la gente del lugar cultiva viñedos y olivos, y cultivos biológicos de hierbas aromáticas para fabricar pesto.

    La mejor manera de descubrir esta zona es recorrerla a pie, siguiendo los caminos perdidos y las escalinatas centenarias que, hasta hace relativamente poco tiempo, eran las únicas vías que unían estos pueblos, mientras se disfruta de un paisaje único en el mundo.

    El camino más famoso es la Via dell'Amore que une Manarola con Riomaggiore, y que fue, en parte, excavado en la roca a pico y pala, entre 1920 y 1930, por los obreros que trabajaban en el nuevo trazado de la vía ferroviaria que unía Genova con La Spezia y que, en la actualidad, recorren muchas parejas de enamorados, de donde le viene el nombre.

    La cocina de esta zona es una cocina pobre que, sin embargo, conserva el respeto por los sabores y los aromas de antaño. Al tratarse de pueblos de pescadores, el pescado, como es lógico y natural, suele ser el ingrediente principal de la mayoría de los platos que se enriquecen con plantas aromáticas como el orégano, el tomillo condimentados con aceite de oliva, servidos con un vino blanco y seco, de color amarillo paja. También existe un vino dulce conocido como Schiaccetrà, que se suele tomar con el postre, producido en cantidades muy limitadas que se obtiene de la fermetación de estas uvas que se dejan secar durante tres meses al aire libre.

    Ya casi no quedan barcos faenando, salvo en la zona de Monterosso donde todavía es posible ver cargando en las callejuelas a las carugi - mujeres que llevan en la cabeza pesadas cargas de pescado.

    Manarola forma parte de Cinque Terre, cinco pueblos bañados por el mar de Liguria. Durante el medioevo, se utilizaba el nombre terra para designar a todo un burgo, de donde el nombre de Cinque Terre que representan precisamente cinco pueblos entre los que se encuentra Monterosso al Mare, en medio de un pequeño golfo natural, que da lugar a extensas playas de grava fina a las que se accede a través de un tunel excavado en la montaña.

    El segundo pueblo Vernazza se conserva como lo que siempre ha sido, un auténtico pueblo de pescadores, y sólo se puede llegar a él a pie, pues el tráfico de coches estás prohibido en su interior, por lo que existe un enorme aparcamiento a la entrada del pueblo.

    Para llegar a Corniglia, el tercer pueblo, es necesario descender una escalinata compuesta por 377 escalones. El pueblo se levanta sobre un promontorio rodeado por viñedos distribuidos en las famosas terrazas que os comentábamos al principio. Riomaggiore el el último de estos pueblos, sus casas se distribuyen en distintos niveles siguiendo el recorrido del río del que recibe su nombre.

    En cada uno de estos pueblos, a mitad de ladera, se encuentra un santuario o hermita al que los habitantes de la región se sienten muy ligados. Cinco iglesias conectadas por caminos de gran interés histórico y natural - ya que atraviesan antiguos caseríos, huertos y pueblos abandonados -, y que se pueden recorren a pie, a caballo o en bicicleta.

    En este lugar donde continúan a refugiarse artistas e intelectuales de todo el mundo es posible encontrar hospitalidad desde el confort y el lujo de un hotel de cuatro estrellas, hasta la posibilidad de alquilar preciosas casas de turismo rural para una estancia inolvidable, y para todos los bolsillos.

    Fotos | PjotrP, Places to see, Klauswithk

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