Sagres y el Cabo San Vicente

Recorriendo el Algarve portugués, llegamos al extremo de Europa. Pasando unos pocos kilómetros de Lagos, llegamos a una zona protegida: la Reserva Natural de la Costa Vicentina.

Aquí, en los confines europeos, puede respirarse el aire más natural y agreste. Sagres es el último pueblo de Europa continental. Una pequeña ciudad de ambiente algo hippie, surfero y amante de la vida al natural. Una localidad con servicios poco sofisticados que nos reconcilia con lo simple.

Con maravillosas imágenes para guardar en la memoria.

Si nuestro camino nos lleva a Sagres debemos saber que fue aquí donde se formaron los grandes navegantes que abrieron las rutas alrededor del mundo en el siglo XVI. Más precisamente en la escuela de navegación que se encontraba en la Fortaleza que aún hoy puede visitarse.

Pequeños pueblos de iglesias barrocas: Vila do Obispo, Raposeira, Guadalupe.

Maravillosas playas, paraíso de surfistas y amantes de la Naturaleza, escondidas entre impresionantes acantilados: Ingrina, Zavial, Burgau, Beliche, Arrifana...

Y el Cabo de San Vicente , cuyo faro sigue despidiendo hoy en día a todos los buques que dejan Europa para cruzar el Atlántico. Cada día, una caravana recorre los 5 kilómetros que separan Sagres del Cabo para sentarse a esperar...

Cada día, sin falta, se repite uno de los más maravillos espectáculos: el atardecer sobre el Atlántico. Despedir la luz. Una experiencia que recomiendo enfáticamente.

Este rincón final de Europa me recuerda especialmente a mi querida Patagonia: un paisaje barrido por el viento y abrasado por el sol, una costa alta sobre un mar bravo, el aire limpio y protegido al alcance de la mano.

Más info | Sagres

Diario del Viajero | Lagos y Tavira

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