Mallorca no tan conocida

Cuando pensamos en Mallorca, a casi todos nos vienen a la cabeza el sol, las playas de arenas blancas y un mar en calma si acudimos a la versión de boceto turístico. O guapísimas extranjeras en bikini (espera, esto también aparece en los bocetos), el personal quemado y alegre cervecita en mano y masificación playera, si acudimos a la versión tópica setentera (y que pervive hoy).

Algo (mucho) hay de realidad en esas imágenes. Pero Mallorca es mucho más, empezando porque allí se vive todo el año, incluso cuando no apetece tanto bañarse en el Mediterráneo y la familia real descansa en tierra firme.

Yo amo a la isla precisamente porque me depara tantas sorpresas, distintas a esas manidas imágenes, que he ido descubriendo y saboreando poco a poco... Como esta imagen que pude disfrutar hace pocos días.

El mar a punto de embravecer, alentado por las nubes, el viento y la tempestad que se avecina. Las montañas con nieve al fondo, el estruendo de las olas al romper en las rocas, un lugar solitario y el frío azotando las caras... ¿Dónde estamos exactamente?

Es la Bahía de Pollença, al norte de Mallorca, con la Sierra de Tramuntana al fondo. Si viajamos a Mallorca, no hay que dejar de acercarse a esta Bahía. Sobre el mapa, muchos puntos de interés, desde Puerto Pollença a Formentor.

Estamos a pie de costa, pero esta misma perspectiva desde más altura es otra maravilla. La traeré a estas páginas más adelante.

En Diario del viajero | El Gorg Blau en Mallorca

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