Tour Bernabéu: una visita privada a los rincones más íntimos del Real Madrid

Nunca he sido aficionado al fútbol, ni a la hora de verlo (me aburre) ni a la hora de practicarlo (como buen macho omega de libro). Sin embargo, hace unos días fui invitado a un Tour por el campo del Santiago Bernabéu, un tour privado en el que fui capaz de empatizar con la grandilocuencia de aquel templo, como si cruzara el umbral de una catedral laica o un museo moderno.

Imaginé que para un forofo del Real Madrid, además, trasponer aquella puerta sería parejo a lo que sentiría un estudiante de Bellas Artes al llegar al Guggenheim. O algo así. Sea como fuere, todo esto es lo que vi allí.

Una experiencia blanca

La visita del Tour Bernabéu pudiera parecer un tanto prohibitiva en un primer momento (50 €), pero hay que tener en cuenta que la duración de la misma es de más de dos horas, todo el tiempo te acompaña un guía, y se permite acceder a muchas estancias que de otro modo quedan siempre ocultas para el visitante, como los vestuarios tanto del equipo visitante como del residente.

La visita se divide así en diez secciones: una panorámica de estadio desde el piso más elevado (podéis ver mi llegada triunfal en el vídeo que tenéis justo aquí abajo), una sala museo, la sala sensaciones, la sala de los fotomontajes (donde podremos formar parte de un gran mural de píxeles), un paseo por el terreno de juego, un recorrido por el palco presidencial, un paso rápido por los vestuarios (duchas incluidas), la entrada por el túnel de los jugadores, banquillos y zona técnica, y la visita a la sala de prensa. Finalmente podemos adquirir algún souvenir en la tienda de recuerdos.

La primera sensación WTF de la visita la tuve en la panorámica del campo, totalmente vacío, como si hubiera sido pasto de un virus zombi. Desde allí puedes avirozar el rectángulo de verde casi plástico, así como los 80.000 asientos vacíos.

Culebreando por los pasillos y otras salas descubrimos también el sistema de cámaras de seguridad que todo lo vigilan, como un Gran Hermano orwelliano, bajo la tecnología de Bosch: Bosch Security Systems. Prácticamente todos los mecanismos mediante los que se garantiza la seguridad de los espectadores durante su estancia están informatizados.

La sala museo resultará la más impresionante para los seguidores del Real Madrid, pues se expone la mayor colección de objetos y trofeos del equipo. Todo iluminado con luz convenientemente dramática y banda sonora incluida. Todo épico, magno y supercalifragilístico.

Más adelante puedes acceder a una pantalla interactiva de tamaño gigantesco a través de la cual se accede a todas las características técnicas de cada uno de los jugadores de la plantilla actual. La mayoría de las pantallas son táctiles y responderán a vuestras órdenes manuales, como tablets gigantes.

En La parte maldita, el escritor George Bataille señalaba que los gastos más improductivos eran “el lujo, los duelos, las guerras, los cultos, las construcciones de monumentos suntuarios, los juegos, los espectáculos, las artes, la actividad sexual perversa.” Entre las paredes de aquel templo reparé en que allí se conculcaban la mayoría de esas advertencias. Y molaba.

Cena con vistas al campo

Para rubricar una experiencia épica, nada como quedarse a cenar en un restaurantes con vistas al campo iluminado. En nuestro caso, fuimos invitados al Asador La Esquina, donde pude dar buen cuenta de unas costillas de cordero. Cabe señalar que en las cocinas hay cámaras que te permiten contemplar cómo se asa a la brasa, y en directo, lo que acabas de pedir, transmitido a través de distintas pantallas de televisión. Creo que eso multiplicaba, en cierto modo, el placer gastronómico (o al menos, a juzgar por los borborigmos de mi estómago, estimulaba el apetito).

Uno de los platos estrella es un chuletón de vacuno mayor (mínimo 2 personas) que pesa un kg. Así pues, el restaurante evoca el exceso gastronómico que ya vimos en el filme francés La gran comilona, de Marco Ferreri, en la que cuatro hombres de mediana edad se reúnen en una casa de campo para comer hasta morir. Y, como recomendaba uno de los personajes, Philippe (“Sed voraces. Comed muchísimo. Comed siempre muchísimo”), así lo hice, arremangándome y alzando en ristre el tenedor y el cuchillo.

Disclaimer: Pude acceder a este Tour gracias a una invitación personal de Bosch, #ExperienciaBosch. Dicha invitación no compromete mi opinión sobre el destino.

Fotos | Sergio Parra

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