80 años de la primera azafata de vuelo en España: "Antes se miraba más el servicio, ahora se repasa insistentemente qué hacer en cada emergencia"

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Carolina Viñe y Marta Padreny se jubilan tras cuatro décadas en Iberia, con recuerdos que van de un encuentro con Salman Rushdie a los repasos de emergencia antes de despegar

Redacción Diario del Viajero

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Carolina Viñe se despedirá de Iberia con un vuelo a Tokio. Marta Padreny ya ha hecho el suyo, a Nueva York. Empezaron a trabajar en Iberia en 1985 y 1986, y ahora se despiden de una profesión a la que llegaron por motivos distintos. Viñe quería conocer mundo y escapar de la oficina; Padreny llevaba deseándolo desde que, a los nueve años, se subió a un avión con su madre.

Las dos cuentan sus recuerdos en la entrevista de El Mundo, publicada con motivo de los 80 años de las primeras auxiliares de vuelo en España. Viñe guarda uno difícil de llevarse de cualquier otro trabajo: encontrarse con Salman Rushdie a bordo y poder agradecerle sus libros. Para ella, "fue un regalo de esta profesión". A Padreny, que había soñado tanto con ser azafata de Iberia, le ha costado irse: "no podía dejarlo".

En esos cuarenta años también hubo hijos y una vida que organizar entre vuelos. Padreny recuerda que la reducción de jornada le permitió conciliar cuando, a su alrededor, otras personas lo tenían más complicado. Se va contenta con esa parte del oficio, aunque al hablar de lo que ocurre dentro del avión pone el acento en algo que al pasajero le suele pasar desapercibido: todo lo que la tripulación repasa antes de despegar.

Viñe explica que la formación médica y la preparación para emergencias han ganado peso desde que empezó. En sus entrenamientos practica reanimación cardiopulmonar y el uso del desfibrilador. Padreny cuenta cómo, ya sentada y sujeta con el arnés, revisa mentalmente qué tendría que hacer si hubiera que evacuar o apagar un fuego. Ese rato en el que muchos buscamos algo que ver en la pantalla tiene bastante trabajo por su lado.

Cruzar el Atlántico llevaba 36 horas y la comida iba en cajas de cartón

Cuesta imaginar lo que pensarían de una cabina actual Pilar Mascías, Marichín Ruiz, María José Ugarte y Ana Marsans, las cuatro mujeres que Iberia recuerda en su homenaje a las primeras tripulantes. Saber idiomas, sobre todo inglés, pesaba en la selección. Entre sus tareas estaban tranquilizar a los viajeros y repartir la comida, que en aquel primer servicio iba en cajas de cartón: pollo frito y tortilla española, con huevo duro y bombones.

Había tiempo para comer. El viaje a Buenos Aires duraba unas 36 horas, con paradas en Villa Cisneros, Natal y Río de Janeiro. Iberia había inaugurado la conexión el 22 de septiembre de 1946 y comenzó el servicio comercial con pasajeros el 15 de octubre, como distingue en su balance del aniversario. Además, salía un vuelo cada diez días. Perderlo debía de sentar regular.

En octubre de 2026 la compañía comunica tres vuelos diarios entre Madrid y Buenos Aires, la mayoría con el Airbus A350. También ha crecido la plantilla: Iberia cuenta con 4.062 auxiliares, un 67% de mujeres y un 33% de hombres. El primero de ellos llegó mucho antes de lo que quizá sugieran las fotos antiguas. Fue Fernando Castillo, en 1947, después de trabajar como camarero en un restaurante de lujo de Madrid.

Del uniforme de Pertegaz a los entrenamientos de emergencia

Esas fotos han dejado, además, un buen archivo de moda. Por los uniformes de Iberia pasaron Pedro Rodríguez en 1954, Pertegaz en 1968 y Elio Berhanyer en 1972. La compañía conserva los diseños en su historia de los uniformes, donde se puede seguir el cambio de una década a otra. Se entiende que el vestuario haya llamado tanto la atención, aunque para saber en qué consiste el trabajo haya que mirar también lo que se aprende fuera del avión.

En la actualidad, para obtener el certificado de tripulante de cabina, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea exige tener al menos 18 años y superar una formación inicial autorizada; para ejercer hay que cumplir también los requisitos médicos. Los primeros auxilios y las prácticas contra incendios forman parte de esa preparación, junto con la supervivencia. Son conocimientos a los que recurrir si alguien se encuentra mal o surge una emergencia durante el viaje.

Por eso tiene sentido volver a Padreny sentada antes del despegue, repasando lo que haría si algo fallase. La tripulante Katherine Drossos describía una rutina similar: tener localizadas las salidas y recordar los procedimientos y las responsabilidades de evacuación. Desde nuestro asiento apenas se nota. Ellas repasan cómo actuar por si llega a hacer falta.

Foto | Iberia

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