Lugares del mundo donde te pueden comer vivo

No, el título no es una metáfora. Y no, tampoco estamos hablando de canibalismo, una práctica que esperamos esté ya totalmente extinguida. Pero resulta que cada año hay decenas de turistas que caen en las garras (o fauces) de animales salvajes en destinos exóticos. Parece que las fieras aprecian el sabor de la carne humana, así que conviene tomar precauciones si visitamos ciertos destinos.

América

Tenemos varios puntos peligrosos en el continente americano. La Baja California, en México, a parte de ser un destino famoso por sus playas (ideales para el surf), también lo es por los tiburones. El gran tiburón blanco causa estragos con relativa frecuencia. Sus ataques no son necesariamente mortales, pero son siempre muy graves, debido a la potencia de su afilada dentadura.

En el sur del continente, uno de los mayores peligros son los jaguares. Una de sus presas favoritas es el capibara (el roedor más grande del mundo), pero los casos de ataques a animales domésticos suceden esporádicamente. Los ataques a humanos son raros, pero en el peruano Parque Nacional del Manu (hábitat natural de estos felinos) ha habido casos donde los turistas se han llevado algo más que un susto.

La ciudad canadiense de Churchill, por su parte, recibe el título de ‘capital del oso polar’. Cada año, en el deshielo veraniego, los osos polares se acercan al lugar y se organizan tours de observación. La ciudad está patrullada y existe una “cárcel de osos” para los que se acercan demasiado. Hay algunos turistas que deciden arriesgar y explorar el terreno por su cuenta. Cuando se encuentran cara a cara con un oso, obviamente, siempre llevan las de perder.

África

De nuevo aquí aparecen los tiburones blancos. Estos terribles animales marinos acechan a los bañistas en las playas sudafricanas, aunque hay quien hace negocio y ofrece visitas submarinas a los tiburones. En jaula y con estrictas medidas de seguridad, eso sí, porque no se andan con bromas.

El desierto del Serengueti, en Tanzania, es uno de los grandes destinos turísticos africanos, donde los safaris permiten admirar a los grandes depredadores de los documentales. Los leones sí son tan fieros como los pintan. La reducción del número de sus presas habituales hace que los ataques a humanos aumenten. En las últimas dos décadas se han contabilizado unos 600 ataques, a locales fundamentalmente.

En Zambia, el Parque Nacional de South Luangwa tiene fama de ser uno de los mayores santuarios de vida salvaje del continente africano. Entre sus ‘inquilinos’ se encuentran los hipopótamos. Sí, esos grandes paquidermos que tienen pinta de bonachones. Nada más lejos de la realidad. Cada año, unas 100 personas sufren el ataque de hipopótamos. A pesar de su apariencia torpe, pueden correr el doble de rápido que un humano. Son especialmente peligrosos de noche, cuando salen a buscar su cena amparados en la oscuridad.

Asia

El Parque de Kao-Shock, en Tailandia, está densamente poblado por cobras y otras serpientes venenosas. La cobra real, de hasta seis metros, puede matar (y comerse) a un elefante entero, como en el dibujo de “El Principito”. Existen muchos doctores especializados en el tratamiento de mordeduras, lo cual nos lleva a pensar que hay demanda de ellos.

En el Parque de Komodo, Indonesia, habita el lagarto más grande y terrorífico: el dragón de Komodo. Aunque ataca a humanos con menos frecuencia que cocodrilos o tiburones, su mordedura es mortal salvo que se reciba tratamiento médico de forma inmediata.

En la India, el gran depredador es el tigre. Tiene uno de sus hábitats naturales en la Reserva Natural de Ranthambore, y se conocen casos de ataques a humanos. Cada vez son menos frecuentes, debido a que la población felina está disminuyendo drásticamente por la acción humana.

Finalmente, yendo hacia el norte llegamos al lago Baikal, en plena Siberia. Sus riberas son territorios salvajes donde uno se puede encontrar cara a cara con osos pardos, lobos y linces.

Le agradezco a Kadri el chivatazo sobre la publicación de este curioso e interesante artículo. A pesar de mis limitadísimos conocimientos de estonio y las incoherentes traducciones de Google Translate hemos conseguido hacerlo llegar a los lectores de Diario del Viajero.

Vía | Eesti Ekspress

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