
Cabañas de Pax recupera la arquitectura pasiega en Vega de Pas, con chimeneas, una bañera con vistas y comidas caseras por encargo
Una bañera frente a las montañas y una chimenea de leña dan una idea de lo que espera dentro. Fuera siguen los prados y las construcciones de piedra del Valle del Pas, en Cantabria. Cabañas de Pax, aprovecha antiguas cabañas pasiegas para ofrecer una escapada vacacional donde el diseño se acomoda a la arquitectura del lugar.
Detrás de Cabañas del Pax está la familia formada por Paloma Botín O'Shea y Ricardo Gómez-Acebo, con su hijo, el arquitecto Pepe Gómez-Acebo Botín, al frente de la rehabilitación. Sobrino de Ana Patricia Botín, explicó en una entrevista con Vanity Fair que el proyecto comenzó alrededor del año 2000, cuando "había una creciente preocupación por el patrimonio cultural y paisajístico de los valles". La recuperación de estas construcciones responde a ese deterioro, con una parte destinada al alojamiento rural.
Las casas se encuentran junto al río Pas, a unos cinco minutos en coche del pueblo de Vega de Pas. Los muros de piedra dividen prados y bosques, y las cabañas forman parte de ese paisaje ganadero. El pueblo queda cerca, aunque el entorno de las casas invita a tomarse la estancia con calma.
La rehabilitación de las cabañas contó con gremios locales y empleó materiales de la zona, muchos recuperados: piedra en muros y lindes, lastra en los tejados y madera de roble y castaño. Las cubiertas se visten con lastra, losas de piedra tradicionales. En la cabaña de invitados, las habitaciones ocupan la planta baja, donde antes se resguardaban vacas y ovejas. Un cambio de uso que permite conservar el edificio y darle una nueva vida.
En el complejo hay tres alojamientos: Arce, Espino y Serbal, con distintas distribuciones para elegir según la escapada. Arce y los dos apartamentos tienen cada uno cocina equipada y chimenea, pero la primera es la más espaciosa: tiene tres dormitorios dobles y dos baños, además de salón con chimenea de leña y un comedor para diez personas.
Espino y Serbal son apartamentos con cocina equipada, baño independiente y una zona de estar alrededor de la chimenea. Para una escapada en pareja, ofrecen una escala más recogida. Según la Guía Repsol, ambos están pensados como estudios para dos, y Espino guarda un detalle especialmente apetecible: la bañera situada bajo una ventana con vistas a las montañas. El mismo reportaje describe interiores con vigas vistas, alfombras y libros, donde apetece alargar la tarde.
La vida de la finca sigue alrededor de las casas. Según explica el alojamiento en su proyecto, mantiene ovejas y gallinas de razas locales, con mastines que custodian el rebaño, además de una huerta de temporada. Parte de su producción se pone a disposición de los huéspedes, de modo que la actividad del campo también llega a la cocina.
Todas las casas permiten cocinar, pero hay otra opción para quien prefiera olvidarse de los fogones. El servicio de comidas y cenas ofrece platos preparados con ingredientes de la zona, entre ellos cocido montañés, cordero lechal al horno y guiso de ternera, con guarniciones de la huerta. Basta acordarlo con el alojamiento: la escapada puede terminar con una cena casera sin tener que volver a coger el coche.
Foto | Cabañas de Pax
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