América en moto. Comienzo de un costa a costa

Viajar en moto es siempre una aventura. Heráclito dijo que nadie se baña dos veces en el mismo río. Pero es que por aquel entonces no existía el motor de explosión. Si hubiera montado en motocicleta, se habría dado cuenta de que lo que en realidad no hay nunca son dos curvas iguales.

Cuando el viaje en moto se hace en solitario por un territorio extranjero y desconocido, la aventura se torna épica. El viajero nunca sabe qué sorpresa va a encontrar en el siguiente kilómetro. A nadie podrá responsabilizar de sus errores o aciertos. Tampoco puede permanecer ensimismado. Para satisfacer las necesidades más básicas debe entablar relación con los habitantes de los lugares que recorre. Este contacto, no obstante, es fácil; el motorista solitario genera curiosidad y simpatía en cualquier latitud.

Dar la vuelta al Mundo en moto no es un empeño sencillo, pero por algún sitio hay que empezar. ¿Por qué no Estados Unidos de costa a costa? Hacerlo durante el invierno es la gran aventura americana que todos deseamos llevar a cabo algún día. Decidí acometer el proyecto el año que cumplía los cuarenta. Viajaría de éste a oeste para que el horizonte se fuera abriendo poco a poco en los famosos grandes espacios. Los desiertos infinitos y los profundos cañones son un delicioso premio que conviene disfrutar cuando uno ya se ha acostumbrado al nuevo continente. ¿Inconvenientes de elegir ese sentido? El sol. Se recibe de frente cada atardecer.

LA MOTO

Deseché las opciones del alquiler o trasladar mi propia montura por caras y complejas. Decidí comprar para revender al final. En cuanto a la motocicleta en sí, aunque el mito americano es la Harley, me fío mucho más de las BMW. Especialmente de la familia GS. La elección resultaría de lo más acertada. Si hay una moto ideal para las dimensiones americanas por comodidad, capacidad de carga, autonomía, fiabilidad y aptitud para escapar por pistas si hace falta, es la GS 1200.

El concesionario BMW en Miami está en una discreta nave industrial alejada del centro. Los encargados hablan español. Había varias GS de segunda mano, pero tras un rato de discusión me ofrecieron una moto nueva del 2008 con las tres maletas, defensas, puños calefactables, abs, llantas de radios y ordenador por 15.500 dólares, unos 12.000 euros al cambio. Me pusieron una matrícula de cartón con 30 días de vigencia y esa misma tarde salí sobre la moto. Tres semanas después, cuando me hallaba en Arizona, me enviaron por mensajero el título de propiedad, los papeles y la placa metálica definitiva.

FLORIDA

La plana y verdísima Florida fue descubierta por Ponce de León en 1513 y dejó de ser española en 1821, cuando la vendimos para superar otro de nuestros déficits públicos. Desde Miami salí en dirección oeste. Atravesé la reserva india de Big Cipress, varios pantanos con caimanes y el Parque Nacional de Everglades. La interestatal 75 me llevó hasta St Petersburg, un lugar bastante humano y habitable. De reducido tamaño, aloja algunas facultades de la universidad de Sur de Florida que aportan savia nueva a la geriátrica sociedad local. En el centro hay un acogedor hotelito llamado Ponce de León con un conserje cubano que recibe con alegría sincera a cualquier español.

En Daytona Beach, la única mujer mecánico oficial de BMW, Barbara Williams, se encargó de la primera revisión. La ciudad es famosa por el circuito, por los récords de velocidad y por la biker week, que congrega miles de moteros de todo el país. La arteria principal está llena de tiendas de imaginería choppera: cuero negro, tachuelas y camisetas de llamaradas y tubos de escape. Ocean Drive es una sucesión de moteles baratos donde vivir la épica del antihéroe. Duermo en uno regentado por un hindú que se quiere comprar una moto para viajar a Alaska. América corrompe, qué duda cabe. Afortunadamente para él y para Alaska, su mujer se lo ha prohibido.

Fotos:Miquel Silvestre Más en Diario del Viajero:Un planeta llamado Texas

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