Islas Gili: un remanso de paz... sin olvidar el ocio

Las islas Gili son uno de esos pequeños paraísos en la tierra con que la naturaleza ha obsequiado al fascinante y variopinto archipiélago de Indonesia.

Situadas a unos cuatro kilómetros de la costa norte de la isla de Lombok, estas tres islas son, desde hace décadas, refugio de turistas y mochileros, incapaces de resistirse al encanto de su arena blanca y aguas turquesas salpicadas de formaciones coralinas.

El matiz “pequeño” cobra especial importancia al describir estas islas, ya que la mayor de ellas, Gili Trawangan, no supera los tres kilómetros de largo por dos de ancho, siendo fácil recorrerla entera en poco más de una hora.

Los nombres de las otras dos componentes del conjunto son Gili Meno y Gili Air. A pesar de su proximidad, cada una tiene su personalidad propia, dada por los propios viajeros que, con su conducta y preferencias, han moldeado el ambiente que se respira en cada una de ellas.

Quizá por ser la más grande, Gili Trawangan es donde se ha agrupado la mayor oferta en cuanto a hoteles, bares y restaurantes. Podríamos llamarla así “la isla de la fiesta”, y es que la mayor parte de los que llegan a ella, especialmente los más jóvenes, esperan encontrar noches interminables de cachondeo y descontrol; algo que queda reflejado en los numerosísimos locales que ofrecen abiertamente sus batidos o pizzas de hongos alucinógenos, incluso con servicio “a domicilio”.

Sin embargo, por experiencia propia puedo asegurar que nada es tan exagerado como lo pintan, ni la isla está tan abarrotada como se cuenta. Los cuatro días que pasé allí, en temporada alta, fueron de los más relajantes de mi recorrido por Indonesia, y si quería un poquito más de tranquilidad, sólo tenía que alejarme unos metros en la playa para encontrarme completamente sola.

Si aún así el plan no os convence, tal vez sean Gili Meno o Gili Air vuestra mejor opción. Todavía más pequeñas que la primera, en ellas el número de locales y servicios disminuye proporcionalmente, y es por eso que la mayor parte de aquellos que deciden esconderse en sus playas desérticas suelen ser parejas en busca de intimidad y silencio.

Uno de los mayores atractivos de estas islas es la posibilidad de practicar buceo o snorkel en sus arrecifes. La transparencia de sus aguas las convierte en un lugar ideal para los no iniciados en la materia, y las agencias que os ofrecerán sus servicios por unos pocos dólares se cuentan por decenas. Otras opciones de ocio abarcan desde excursiones entre las islas al alquiler de libros, para aquellos que hayan decidido no levantarse de la tumbona en varios días.

Para llegar a las islas Gili existen excursiones que parten desde Kuta, en la isla de Bali, y que os dejarán en la isla de vuestra elección en un tiempo que puede variar desde las dos horas, en el barco rápido y directo, a las seis horas, haciendo las mismas paradas que nos encontraríamos yendo por nuestra cuenta.

Por eso, si contáis con tiempo suficiente, yo os recomiendo sin duda ir por libre. Para ello basta con que os acerquéis en transporte local o taxi compartido hasta el puerto de Padangbai, toméis el ferry que en dos horas os dejará en Lombok, y ahí nuevamente cojáis el transporte público hasta Bangsal, el puerto desde donde parten los barcos públicos a Gili.

De esta forma, además de ahorraros una buena cantidad de dinero, podréis dedicar unos días para recorrer a vuestro aire la isla de Lombok, mucho menos explotada que Bali, y con unos rincones que merece la pena descubrir.

Fotos | Carmen, Lieve en Flickr En Diario del Viajero | Pura Tanah Lot: Un templo sobre el mar de Bali, Indonesia: Naturaleza salvaje en la isla de Sumatra

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