Así es como todos los suizos pueden refugiarse en caso de emergencia: todo el país tiene asegurado sitio bajo tierra

La Ley Federal de 1971 prevé que cada suizo debe disponer de una plaza en un refugio que ofrezca una protección eficaz, tanto para las bombas clásicas como para las atómicas, químicas y bacteriológicas.

Por añadidura, estas construcciones obligatorias también protegen contra terremotos, deslizamientos de tierra y aludes. O dicho de otro modo: si algún día se desencadena el Apocalipsis, los únicos supervivientes serán suizos. Y la Tierra del futuro será repoblada por ellos.

Lo que establece la ley

Concretamente, esto es lo que dicen los artículos 45 y 46 de la Ley Federal sobre la protección de la población y la protección civil: «Todos los habitantes deben disponer de un sitio protegido al que puedan llegar rápidamente desde sus casas», y «los propietarios de inmuebles deben construir y equipar refugios en todos los nuevos edificios habitables».

Todos los grandes edificios disponen de estos refugios, así como muchos bloques de edificios, que aprovechan los sótanos y los aparcamientos subterráneos para acondicionarlos convenientemente.

Ello comporta una serie de requisitos que deben cumplirse a rajatabla: sistemas de extracción de aire, filtros de aire y de agua, bombas para residuos orgánicos, esclusas de descontaminación, grupos electrógenos autónomos, reservas de fuel y alimentos, instalaciones sanitarias y dormitorios comunes. Espacio reservado para cada persona: un metro cuadrado.

En 2006, en Suiza existían 300 000 refugios repartidos entre casas, escuelas y hospitales, a los que se suman 5 100 refugios públicos. La suma de todos sus aforos equivale a 8,6 millones de puestos disponibles. Es decir, el 109 por ciento de la población.

Este plus se ha dispuesto para alojar también a todos los visitantes ocasionales o turistas del país. De manera que si empezáis a ver hongos nucleares en el horizonte, corred hacia Suiza, es el lugar más seguro al que podéis acudir.

Actividades alternativas

El refugio más grande de todos, las galerías del Sonnenberg, bajo Lucerna, fue desmantelado en 2006 por problemas de seguridad, pero era capaz de alojar hasta 20 000 personas. En las siete plantas que componían este refugio, inaugurado en 1976, podía encontrarse un hospital con quirófano, un estudio de radio e incluso un puesto de mando militar. La conclusión podría ser esta: en Suiza hay más camas bajo tierra que en la superficie.

En otros países con tradición de refugios nucleares, como China, Corea del Sur, Singapur o India, los niveles de cobertura nunca superan el 50 por ciento de la población. En Israel, el 70 por ciento de la población puede encontrar un refugio en caso de ataque, pero a menudo estos refugios no son completamente impermeables. Solo hay dos países que pueden competir con Suiza en su nivel de autoprotección: Suecia y Finlandia: el 81 por ciento y el 70 por ciento de cobertura, respectivamente.

Imaginad los miles de kilómetros cuadrados de galerías y habitáculos que hay bajo Suiza. La cantidad de agujeros de queso emmental suizo practicados en todos los sitios a fin de que la población pueda sobrevivir una buena temporada a base de provisiones en forma de comida congelada y Tang sin azúcar. Un tanto paranoico, sin duda, como si la gente se pasara toda la vida esperando el «fin de los días».

Así que, por supuesto, hay muchos ciudadanos suizos que se toman a guasa esta obligación y las regulares inspecciones de Protección Civil. Ciudadanos que entonces aprovechan sus refugios para actividades alternativas. Como bodega para los vinos, por ejemplo. O para celebrar fiestas. De alguna manera, es como la costumbre de la mayoría de estadounidenses de los suburbios de construirse un sótano donde almacenar toda clase de cosas. Pero en Suiza los sótanos tienen una puerta blindada similar a la de un banco. Es una opción muy lícita darle salida a tamaña obra civil.

Otra opción mucho más lógica que está tomando el gobierno para darle utilidad a todos estos habitáculos inservibles es la de aprovecharlos para cobijar a los miles de solicitantes de asilo político que tiene el país. La mayoría son jóvenes llegados de países como Eritrea, Somalia, Irak, Kosovo o Sri Lanka, y ya son varios los cantones, como Vaud, Ginebra, Berna o Neuchâtel, que han optado por abrir estos refugios para ellos.

A pesar de todo, muchos asistentes sociales opinan que vivir bajo tierra no es humano, que se pierde la noción del tiempo, y, asimismo, los inmigrantes se sienten castigados en estas condiciones: incluso temen salir al exterior creyendo que serán devueltos a sus países de procedencia.

Así es la Suiza menos conocida para el turista ocasional. Una Suiza, literamente, bajo los pies del turista ocasional.

Imágenes | swissinfo.ch

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