Ruta por Cantabria: Comillas y el Palacio de Sobrellano

Esta semana me he dedicado a hacer una pequeña ruta por los pueblos de la costa cántabra más cercanos a mi casa, y entre todos ellos, en el que más horas he invertido ha sido Comillas: una preciosa localidad que destaca, además de por el encanto de su casco antiguo, por magníficas obras arquitectónicas como el Capricho de Gaudí, los edificios de su famosa Universidad Pontificia, y el Palacio de Sobrellano, del que hoy os quiero hablar.

Y es que cuesta creer que un pueblo con tanto sabor montañés, albergue obras tan magníficas como las que acabo de nombrar. Parecen, realmente, puestas ahí por azar, por una carambola del destino, pero de lo que no cabe ninguna duda es que su conjunto convierte a Comillas en uno de los pueblos más interesantes de esta zona de España.

De todos ellos, el que más me sorprendió fue el Palacio de Sobrellano. He de reconocer que hacía tiempo que no me dejaba caer por ahí, y cuando me encontré de bruces ante semejante mansión me quedé de piedra, sintiéndome al mismo tiempo un poco culpable por no haberlo visitado en tanto tiempo, teniéndolo tan cerca.

El Palacio de Sobrellano es, verdaderamente, una de esas obras que, si uno no va prevenido, sorprenden hasta dejar sin palabras. Y esto es lo más normal cuando uno se va adentrando en el paseo que conduce a su fachada, más ocupado en intentar vislumbrar algo del Capricho de Gaudí, localizado a pocos metros tras una verja, que en prepararse para lo que está a punto de ver. Algo comprensible, por otra parte: “¡si no es más que un palacio!”. Claro, y Gaudí, es Gaudí…

Cuando uno llega a los pies de su fachada, se da cuenta de que el edificio de Joan Martorrell no es “un palacio más”. Se trata de un impresionante edificio de estilo neogótico que más bien parece sacado de un film de terror. Y es que no puede ser casualidad que haya servido de escenario y localización a películas de culto del género como “La Residencia”, de Chicho Ibáñez Serrador.

El Palacio cuenta con visitas guiadas para conocer su interior, tan espectacular como lo que promete su fachada; aunque sólo en recorrer sus jardines (que algunos catalogan como uno de los más bonitos de España), acercarse hasta su Capilla-Panteón (también de estilo neogótico, con escalofriantes gárgolas vigilando a los extraños) y disfrutar de las hermosas vistas que desde allí se tienen de la Universidad Pontifica, podríamos invertir un buen rato.

Tras la visita, os recomiendo dar un paseo por el casco antiguo del pueblo: una verdadera maravilla cuyas calles empedradas y casonas montañesas con geranios rojos en sus balcones pueden recordar sin quererlo a Santillana del Mar, otro pueblo que no podéis dejar de visitar en vuestra ruta por Cantabria.

No obstante, si os apetece parar a comer algo, admitid un consejo: evitad los restaurantes de su plaza principal, donde el turista se convierte en carne de cañón para los abusivos precios que imponen sus propietarios (os lo dice una que ha sido descaradamente timada hace dos días) y en su lugar, acercaos hasta la zona de la playa. Cerca del faro encontraréis locales donde tomar un buen plato de sardinas del cantábrico a precios ajustados, y con unas vistas insuperables.

Tras varios años sin pisarla, Comillas ha vuelto a sorprenderme. Y ahora que se acerca el verano, os recomiendo este plan alternativo para conocer un poco mejor la costa de ésta todavía desconocida para muchos región que es Cantabria, albergando lugares tan especiales como el Palacio de Sobrellano: una verdadera joya de la arquitectura del siglo XIX de nuestro país.

Imagen | David Ballesteros en Flickr
En Diario del Viajero | Ruta gastronómica por Cantabria: los platos típicos, El Palacio de la Magdalena en Santander

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