Dormir en ... una cabaña sami en Laponia

Hace unas semanas tuve la suerte de volver a Suecia. Y una de las experiencias mas valiosas fue dormir en una cabaña sami en Laponia. En este viaje me acerqué al norte norte... a la Laponia sueca para vivir la naturaleza a pleno en una época el año en que esta parte de Europa vive otra vida.

En primer lugar, contemos que la Laponia sueca es mucho más accesible desde que hay vuelos directos desde España (en este caso desde Girona) hasta Skelleftea, la ciudad puerta de entrada del norte sueco. A partir de allí es sumamente sencillo moverte tanto sea alquilando un coche como en autobús regular. Este último medio fue el que me llevó en un viaje de unas 2 horas, más al norte aún. Hasta Arvidsjaur, un pequeño pueblo donde me encontré con Ugo, mi guía italiano (!) que me acompañó hasta el poblado sami.

Un paseo en coche de algo mas de una hora aún mas hacia el interior de Laponia para llegar a Arjeplog donde visitamos el Museo de la Plata (ya les contaré) y disfrutamos de unas vistas imnpresionantes de los lagos de la zona. Para seguir hacia el corazón sami, en mitad de bosques interminables de abedules y pinos, entre lagos y ríos cargados de peces.

Llegamos entonces a Batsuoj, lugar donde se encuentra este asentamiento sami, en el mismo lugar en que estuviera por generaciones, pero remozado siguiendo las técnicas originales y materiales de la cultura sami. Este poblado sami es uno de los pocos que reciben turistas a cuenta gotas. Y tuve la suerte de ser uno de ellos.

Pasaría la noche en una cabaña sami tradicional, de las que forman el poblado donde originalmente convivían 3 o 4 familias cada una con su cabaña o gahtie.

En los poblados sami hay distintas construcciones:

  • Gahtie es la casa unifamiliar tradicional, hoy suplantada por casas normales para la zona. Las gahtie con techo a 4 aguas, son mas pequeñas y albergaban familias hasta de 4 o 5 integrantes. Para familias más grandes, construían cabañas más grandes, con forma octogonal, como en la que me alojé.

  • Ajjte son depósitos elevados preparados para guardar comida y enseres desde un verano a otro. El suelo es de maderas separadas entre si, por lo que si la nieve se cuela desde el techo, con el deshielo el agua no se encharca y se mantienen los objetos secos.

  • Njalla es un pequeños depósitos elevados a más altura, para guardar alimentos durante el día mientras se sale a pastorear los renos, y evitar que los animales de la zona se los coman.

  • El fuego común a todas las familias Un fogón alimentado a leña con un brazo de hierro para colgar sobre él tanto una plancha de hierro para cocinar, como las teteras para tener siempre agua caliente para café.

En la actualidad, la familia sami que regentea este poblado, ha construido una cabaña tradicional al uso europeo para visitantes con problemas de accesibilidad. Cuenta con una sala amplia, acceso por rampa, una tina para baños de agua caliente en el exterior y el baño (poco mas que una letrina) en una construcción separada.

El día es muy largo en esta época del año, por lo que antes de vivir el Sol de Medianoche, hay tiempo para recorrer la zona, hablar con la familia sami, remar en un lago que parece inmóvil, admirar el paisaje, cocinar carne de reno junto a Lotha la anfitriona, charlar y desacelerarnos de nuestro ritmo habitual.

¿Sonidos? Las hojas apenas movidas por el viento, el fuego, las aves que buscan su nido, el paso lejano y tranquilo de los pocos renos que viven cerca del asentamiento (la mayoría están dispersos en grandes manadas por los bosques)... ¿Colores? Los mil dorados del sol reflejado en el agua o en las copas de los árboles demorando el atardecer. Los verdes del bosque. El blanco de la corteza de los millares de abedules.

La cabaña cuenta con unos pocos escalones para ascender hasta un espacio grande, octogonal como dije. Desde la entrada se extiende una pequeña pasarela de madera hasta el centro donde se ubica una gran laja para el fuego, para luego repetirse hasta el otro extremo de la cabaña. El resto de la superficie está tapizada por pieles de renos.

Después de cenar carne de reno asada, con una "crema" de nata y frutos rojos, llegó la hora de prepararse para dormir. La dueña de casa nos proveyó de sacos de dormir y nos dejó una bien provista canasta para nuestro desayuno del día siguiente. El fuego se mantuvo encendido toda la noche dentro de la cabaña, pero por la temperatura no hubiera sido necesario. Durante el largo día, el calor se hace notar y la noche es tan corta y estás tan cansado de todas las actividades que te permiten 20 horas de luz diurna, que ni pasas frío ni te ocupas de otra cosa que no sea recargar pilas.

El suelo de la cabaña está cubierto por más de 60 pieles de reno, tratadas por la misma familia y secadas en un edificio pequeño cerca del acceso y de la pintoresca oficina de informes. En ese secadero también pude ver las cornamentas enteras y partidas de muchísimos renos que se dejan allí para secar y vender. Con las astas, elaboran pequeñas piezas y unas tazas muy bonitas en las que tomamos zumo de frutos rojos primero, y café después.

La noche pasó rápido, confortablemente y sin mayores contratiempos salvo que algunos pelos de reno se volvieron a España con nosotros pegados a nuestros pantalones. Al despertar, fue sólo tomar de la canasta lo que quisiéramos desayunar: pan casero, pan industrial al estilo sueco (unos panes circulares y sin miga), mermelada casera de frutos rojos, mantequilla salada, leche y café.

Recoger la mochila, doblar el saco y dejar la cabaña nos tomó muy poco tiempo. Y antes de salir para siempre de "nuestra gahtie", una mirada atrás nos dejó una última instantánea de una experiencia única e inolvidable.

Fotos | María Victoria Rodríguez (hay más) Más info | Laponia Sueca y Visit Sweden, ambos en español En Diario del Viajero | Kungsleden: la Senda del Rey en Laponia En Diario del Viajero | Una webcam para ver las auroras boreales en Abisko, Suecia

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