¿Por qué la gastronomía inglesa es tan pobre y aburrida? Porque tenían mucha leña

A veces, las fuerzas ocultas que configuran las culturas son tan sutiles que quedan ocultas al ojo escasamente adiestrado. Por ejemplo, muchos sabemos de la escuálida gastronomía inglesa, que no destaca en absoluto por platos especialmente sofisticados o creativos.

Eso no quiere decir que en Londres, por ejemplo, se coma mal. Londres, como cualquier otra ciudad cosmopolita, dispone de una variedad gastronómica envidiable, como ya defendí Cinco cosas que no soporto de Londres. Sin embargo, si rebuscamos en la historia de la gastronomía inglesa, o pretendemos alimentarnos de sus recetas autóctonas, entonces en poco tiempo querremos volver a casa (durante 15 días viajando por las Highlands escocesas, por ejemplo, descubrí a palos lo que significa que un país tenga una gastronomía raquítica, y una oferta tan variada como la que encontramos en un fast food.)

La razón de este tipo de gastronomía, aislando otras variables culturales e históricas, es que Gran Bretaña es muy rica. Extremadamente rica en madera.

¡Más madera!

Leña
A diferencia de otros países, Inglaterra era mucho más rica en combustibles como la leña, así que se podía permitir cocinar grandes trozos de carne al calor de grandes hogueras. Desde la Edad Media hasta el siglo XIX, Londres era más rica en esta clase de combustible que, por ejemplo, París.

El pan, la cerveza y la carne son tres alimentos que consumen muchísimo combustible. En el año 1300, por ejemplo, solo para satisfacer las necesidades de pan y cerveza en Londres debían usarse 30.000 toneladas de madera. La carne aún requería de más madera. Pero no era problema para un país en el que había grandes extensiones de bosques bien surtidos y, en su mayor parte, renovables.

Comparémoslo con China. La técnica culinaria base de la cocina china es el wok, pues habida cuenta de la escasez de combustible había que elaborar los platos en base a unos cálculos muy ajustados que extrajeran el máximo sabor con el mínimo de energía. Por eso todo se cocina muy troceado (los trozos pequeños se cocinan antes que los grandes) y mezclado en un mismo sitio. Un simple fuego daba para todo el plato.

Esta abundancia de leña, sin embargo, pudo influir negativamente en el desarrollo de la gastronomía inglesa, tal y como apunta la experta Bee Wilson en su libro La importancia del tenedor:

Los ingleses podíamos permitirnos cocinar animales enteros al fuego de una gran hoguera, alimentada con tantos troncos como fuese necesario, hasta que la carne alcanzase el punto deseado. A corto plazo, esta era un forma suntuosa de comer (suntuosa y deliciosa, si atendemos a la reconstrucción de Ivan Day). Sin embargo, en muy probable que limitase las habilidades culinarias del país. La necesidad es la madre de la invención, y es probable que una menor cantidad de leña nos hubiese obligado a dar con una cocina más creativa y variada.

Por muy humeantes y por mucho combustible que despilfarrara, los fuegos abiertos se empleaban alegremente para cocinar en Inglaterra porque había recursos suficientes para hacerlo. De hecho, los cocineros de la época se aferraron a esta forma de asar aduciendo que era la única forma correcta de hacerlo. Inglaterra, como tantos otros países, dispone de una oferta gastronómica determinada por su geografía.

Fotos | Wikimedia En Diario del Viajero | La Escocia gastronómica

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