Parece el Caribe, pero está en Asturias: la playa paradisíaca de agua turquesas que te deja sin aliento

Liliana Guerra

Asturias es ese rincón del norte de España donde la naturaleza se manifiesta con una intensidad capaz de desconectarnos, casi de "un plumazo", del ritmo acelerado del día a día. Montañas que se elevan majestuosas, bosques que guardan siglos de historia, y aldeas casi inaccesibles… sin olvidar su litoral, diverso y sorprendente. El mar Cantábrico, con su carácter cambiante, se cuela entre acantilados y ensenadas, revelando playas escondidas que escapan de las típicas postales costeras.

No basta una escapada para descubrir todo lo que esta tierra verde y salvaje tiene que ofrecer (si no que lo digan quienes veranean aquí año tras año). Porque justo cuando crees haber recorrido sus caminos y paisajes más emblemáticos, Asturias se guarda un as bajo la manga: un rincón inesperado que te deja sin palabras: una playa con aguas turquesas y arenas doradas que, bajo el sol del verano, parece sacada del Caribe.

Hablamos de la Playa de Cué, a solo unos minutos de Llanes, en la costa oriental asturiana. Esta pequeña cala, protegida por formaciones rocosas que emergen como esculturas naturales, es uno de esos rincones que parecen demasiado perfectos para ser reales.

Playa de Cué, un paraíso escondido en la costa de Llanes

Esta playa, conocida también como de Antilles o de Canales, debe su gran belleza a la geología. Los acantilados y castros que la rodean son parte del sistema kárstico típico de la región, moldeado durante millones de años por el viento y el agua, siendo el más grande y vistoso "La Islona" que está justo enfrente, con forma de meseta y un área de poco más de dos hectáreas.

La Playa de Cué es pequeña, recogida y de ambiente tranquilo, incluso en los meses más calurosos del año, cuando muchos viajeros escapan del sofocante calor del sur en busca del frescor norteño, y no se equivocan porque aquí las temperaturas son suaves gracias a la naturaleza que le rodea. Y a pesar de su gran belleza no es una playa que se distinga por estar masificada. Aunque tiene un chiringuito, es ideal para llevar algo de comida, una sombrilla y pasar el día disfrutando del entorno.

Además de bañarse en sus aguas sorprendentemente cristalinas, también se puede practicar kayak, paddle surf o explorar los alrededores a pie, con pequeñas rutas que permiten descubrir otras calas escondidas o disfrutar de las vistas desde los acantilados cercanos. Cuando la marea está baja, el paisaje cambia por completo: aparecen piscinas naturales donde los más pequeños pueden jugar y observar peces y cangrejos, como si fuese un acuario natural.

Precisamente los cambios en la marea pone desvela su doble identidad: en pleamar es una playa estrecha y recogida; en bajamar, se expande en una lengua de arena que parece multiplicarse. Sin duda una espectáculo que merece muchísimo la pena contemplar (y disfrutar), si se visita Llanes.

Imágenes | Turismo de Asturias

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