Mi experiencia recorriendo el Paseo de la Fama: no tan bonito como parece, aunque bien curioso (y II)

Como os prometía en la anterior entrega de este artículo, donde os contaba mi impresión desfavorable sobre Los Ángeles, en general, y sobre el Paseo de la Fama, en particular, a continuación os explico algunos datos curiosos de la que dicen que es la calle más glamourosa del mundo (mentira cochina):

El Paseo de la Fama está formado por 2.454 estrellas. La idea de construir una cosa tan extraña fue de Oliver Weissmuller, un prestigioso decorador y hermano del Tarzán más famoso de todos los tiempos, Johnny Weissmuller.

El 9 de febrero de 1960 se colocó la primera estrella. La actriz Joanne Woodward fue la primera personalidad distinguida con este galardón. Ese año se colocaron casi 1.500 más. La longitud total del Paseo de la Fama es de cuatro kilómetros.

Todas las estrellas están dedicadas a profesionales del mundo del espectáculo, salvo tres excepciones: los astronautas del Apolo 11, Neil Armstrong Michael Collins y Edwin Aldrich.

Cada homenajeado en este paseo con su estrella de marras debe pagar 30.000 dólares, así que estar aquí no sale gratis y nos basta con tener talento, sino también una cartera abultada. El importe se destina al mantenimiento del Paseo.

Michael Jackson tiene dos estrellas. Pero otros artistas prefieren no figurar en este paseo, como Clint Eastwood o Stanley Kubrick.

La baldosa está fabricada con terrazo, con medidas de 85 x 85 cm. El nombre de la celebridad están grabado en bronce, así como el borde de la estrella de cinco puntas. Un icono de bronce indica la categoría a la que pertenece el artista homenajeado.

Cada año se reciben unas 300 peticiones, pero para que un candidato sea aceptado debe ir acompañado por el aval de 20 personalidades de la Academia de Hollywood.

Hay algunas estrellas dedicadas a personajes de ficción, como la rana Gustavo y la gallina Caponata, ambas procedentes del universo de Barrio Sésamo.

Hay dos estrellas que se confunden, pues en ambas pone Harrison Ford. Una pertenece al protagonista de Indiana Jones, pero el otro es un actor de los años del cine mudo del que ya casi nadie se acuerda.

Sólo ocho artistas españoles están en el Paseo de la Fama, como Penélope Cruz, Javier Bardem, Julio Iglesias o Plácido Domingo.

En todo este tiempo, han sido robadas tres baldosas del Paseo: las de James Stewart, Kirk Douglas y Gregory Peck, que fueron sustraídas del almacén en el que se guardaron durante unas obras en el pavimento de Hollywood Boulevard. Bueno, la de Gregory Peck, no, pues fue arrancada directamente del suelo.

En Diario del Viajero | Madrid tendrá su propio Paseo de la Fama | La avenida de las estrellas de Hong Kong

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