Para Pedro Lee, coreano de nacimiento pero español de adopción, su restaurante asiático de Madrid era una forma de ganarse la vida haciendo lo que más le gustaba. Con el tiempo se acabó convirtiendo en algo mucho peor. Los gastos eran cada vez mayores y para ahorrarse los desplazamientos a su hogar, tuvo que dormir algunos fines de semana en su restaurante. Esta situación le dejo exhausto hasta enfermar y acabó traspasando el negocio. Lo que había empezado como una forma de ganarse la vida apenas le dejaba tiempo para vivirla.
Según contó a El Español, este coreano también había trabajado como guía turístico aunque la pandemia le había arruinado el negocio. La cocina, sin embargo, no era una salida improvisada: enseñaba cocina y consideraba la gastronomía y el turismo sus "dos pasiones".
A sus 65 años, ha vuelto a juntarlas en Hornillos del Camino, un pueblecito de Burgos. Conocía el pueblo como peregrino del Camino de Santiago, y había comprado una casa pensando en las vacaciones y la jubilación. Ahora tiene allí otro restaurante, Nanumi, instalado en las antiguas escuelas del pueblo.
Un bibimbap para hacer una pausa en el Camino de Santiago
La web de Nanumi sitúa el comienzo del negocio en 2026 y presenta una cocina que combina sabores coreanos y españoles. Hornillos está a unos 25 kilómetros de Burgos, así que si estás cerca puedes acercarte a comer aunque tus planes no incluyan botas ni mochila.
Si nunca has probado el bibimbap, la propuesta de su carta ayuda a hacerse una idea: se trata de un bol de arroz con verduras al que se añaden distintos ingredientes. Aquí puedes elegir ternera bulgoki, cerdo, salmón marinado o la versión vegetal. Cuestan entre 10 y 14 euros. También sirve sopa de miso y japchae que son unos fideos elaborados con almidón de boniato, acompañados de verduras y ternera.
El horario publicado es de 12 a 16 horas todos los días y de 19 a 22 de lunes a sábado. La dirección es San Pedro, 30, e incluso admite reservas a través de su web.
Pedro, el "peregrino católico coreano" como él se define, sigue cocinando, pero ahora también recibe a quienes pasan por el pueblo haciendo el Camino, como él antes de quedarse. Cuando explica qué le gusta de vivir allí, lo dice sin darle muchas vueltas: "A mí me gusta campo abierto".
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