Marken: un viaje al pasado desde Ámsterdam

Si viajáis a Ámsterdam con suficiente tiempo no podéis perderos esta excursión de medio día. Y es que a tan sólo 20 km al noreste de la capital de Holanda, se encuentra un pueblo de pescadores muy pintoresco y lleno de encanto. Recorrer Marken es hacer un viaje al pasado.

Pequeños canales serpentean entre los cuidados jardines, frondosa hierba en algunos casos limitada por estilizadas vallas de madera. Casas de madera diseminadas en una desorden armónico, todas ellas con una pretensión de mirar hacia las aguas, hacia el puerto, pues Marken es un pueblo de pescadores.

Hasta hace unos años el único modo de llegar a la isla era en un barco que salía desde Volendam. A raíz de ganar espacio a las aguas del lago interior IJsselmeer, se puede acceder también por carretera, aunque los coches no circulan por el pueblo. Detalle que por otro lado se agradece.

Los orígenes de Marken se remontan al siglo XIII cuando los monjes de Frisia se asentaron en la isla. Su principal medio de subsistencia eran la agricultura y la ganadería. Aún hoy en día se observa el ganado pastando, patos, cisnes...en un ambiente bucólico.

El puerto gobierna el pueblo, de hecho los residentes de Marken se dedicaron a la pesca desde el siglo XIV hasta la construcción del Afsluitdijk en 1932 que significó el fin de esta fuente de ingresos, lo que supuso un cambio de la forma de vida de cientos de poblaciones de Holanda.

Aún así sus habitantes tienen una identidad propia bien marcada heredada del aislamiento que vivieron los isleños en el pasado. De hecho tienen hasta su propio dialecto, que se denomina el "Markens".

Aún siendo hoy en día un lugar turístico, pasear por sus estrechas calles nos hace olvidar el ritmo frenético de la ciudad. Sus casas están construídas sobre pequeñas elevaciones de terreno para afrontar posibles inundaciones y algunas de ellas perfectamente conservadas datan del siglo XV.

Para llegar hasta Marken os recomiendo que vayáis a una parada de buses muy cercana a la Estación Central de trenes. Preguntad por el bus nº 111. En sólo 45 minutos realizan el trayecto hasta la península. Os costará unos 7 euros ida y vuelta.

El silencio, la paz del lugar, sus pintorescas casas y callejuelas, sus pequeños y cuidados jardines, sus gentes sorientes y su rico pescado, estoy convencido que harán de esta visita una excursión inolvidable.

Imagen | Víctor Alonso En Diario del viajero | Delft: la capital holandesa de la cerámica azul En Diario del viajero | Ámsterdam: excursión a la bella Zaanse Schans

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