Catania, la ciudad en alza de Sicilia que duerme a los pies del Etna

Cuando a una le hablan de Sicilia, esa isla que parece a punto de salir despedida por un puntapié de la bota, lo primero que piensa en visitar es Palermo con esos palazzos que vimos y nos enamoraron en 'Il Gattopardo', o las playas, pero en el sur, guarda un secreto maravilloso, una ciudad oscura que te enamorará en cuanto llegues: Catania, la ciudad en alza que duerme a los pies del Etna.

La primera sensación que tienes al pisar Catania es que puede parecer una ciudad sucia y decadente, de calles y edificios viejos y con una cierta tristeza. Una parte de razón sí que ahi, y esta Sicilia es muy diferente a la del Norte, pero en cuanto empiezas a disfrutar de las fachadas negras de piedra volcánica y de la belleza de sus plazas y monumentos.

Quizás lo primero que hay que saber es que esta maravilla Barroca quedó completamente arrasada por un terremoto en 1693, sin haberse recuperado de una erupción del Etna en 1660, así que la Catania que conoces ahora es una reconstrucción del XVIII planificada de calles anchas y rectas y amplias plazas. Aquí es donde se fundó la primera universidad de Sicilia (lo hizo Alfonso V de Aragón) y también es Patrimonio de la Humanidad.

La devoción religiosa de los italianos es mayor incluso si cabe en Sicilia y en Catania tienen de patrona a Santa Águeda, a quién está consagrada la Catedral. Frente a ella, mirando fijamente está el símbolo de la ciudad, u Liotru, también llamada la Fontana dell'Elefante. Construída en 1736 por Vaccarini es un elefante de piedra de lava coronado por un obelisco blanco. Tiene incluso su leyenda: se dice que originariamente era asexuado y a los hombres de Catania les parecía un insulto a su virilidad y no le quedó más remedio que añadirle unos testículos. Y sí, los más avezados habéis descubierto que hay una escultura similar en Piazza Santa María Minerva en Roma.

Esa Piazza del Duomo es un claro ejemplo del barroco catanés. Está rodeada de palacios construídos con negra piedra volcánica que encuentran en contraste en el otro material utilizado: la caliza blanca de Siracusa.

Si hay algo que refleja la alegría de la ciudad es el Mercado de la Pescheria y el Mercado de la Fera o'Luni. El primero es un tradicional mercado de pescado fresco en el que se puede observar la vida real de la ciudad a pesar de los turistas curiosos que se mezclan con los lugareños que buscan su comida diaria. El segundo es el que se celebra en la plaza de Carlo Alberto y que es igualmente curioso y junto con el anterior el más antiguo de Catania. A pesar de las influencias y lo moderno siguen siendo ambos una inmersión en el folclore y la vida de la ciudad.

Lo hemos dicho, el Monte Etna domina Catania, está presente en todos y cada uno de los rincones, ya sea en las piedras negras que componen monumentos, en las fachadas, y sobre todo en esa imagen de montaña en ocasiones humeante que recuerda que está ahí, que vive y que respira. Incluso si pasas un par de días notarás que al sonarte tienes algo de "carbonilla". Es bello al mismo tiempo que peligroso.

El Jardín Bellini es una antigua villa señorial que se ha convertido en parque público, casi el único de la ciudad y que centra la vida y ocio de Catania. Son más de 70.000 m2 en los que descansar, pasear y asistir a espectáculos musicales y deportivos. Desde las colinas del parque se puede ver el mar, la ciudad y ese Monte Etna siempre presente.

A lo largo de la ciudad se pueden encontrar ruinas griegas y romanas, previas a la gran erupción del Etna, y en un cierto buen estado de conservación un anfiteatro, que está en el centro de la Plaza Stesicoro . Sólo son visibles desde el exterior restos de uno de los semicirculos del anfiteatro y entendemos que toda su superficie se extiende por debajo de los edificios contiguos. Hasta principios del siglo XX la plaza ocultaba completamente los restos.

El Castello Ursino alberga hoy en día el museo nacional de Catania y es una fortaleza del siglo XIII que en su momento se consideraba inexpugnable. Su importancia histórica viene, entre otras cosas por ser sede del parlamento de Sicilia tras las Vísperas Sicilianas. Es curioso que cuando se construyó estaba al borde del mar, pero las sucesivas erupciones volcánicas y seísmos han hecho que hoy en día esté un kilómetro tierra adentro.

No hay visita a Sicilia en la que pueda quedar sin nombrar la gastronomía. Ir a Catania es tener la obligatoriedad de probar unos Arancini, que son una suerte de croquetas de arroz con azafrán fritas y que encontrarás en cualquier lado. La pasta alla Norma es otra de las especialidades (tomate con ricota y berenjenas) y también la carne de caballo, por fuerte que nos parezca. El pescado por supuesto es también imprescindible en la visita.

Imágenes | Jesús Cabrera, Metro_centric, Heather, Triquetra y Chiara Fagella
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