Murcia hace historia: un pequeño pueblo logra su primera estrella Michelin y revela uno de los secretos mejor guardados de la región

Una noticia que abre la puerta a que muchos descubran una región cargada de historia, sabor y autenticidad

Liliana Guerra

Hasta hace muy poco, cuando se hablaba de cómo la gastronomía puede transformar un territorio, pocos hubiesen pensado en Murcia. Sin embargo en esta tierra, que parece tener un pacto eterno con el sol y en donde las viñas crecen fuertes, acaba de recibir una noticia capaz de alegrar incluso a los paladares más exigentes: por primera vez, un pequeño pueblo murciano ha conquistado una estrella Michelin. Y lo ha hecho gracias a un tesoro que algunos conocían solo de oídas y otros guardaban casi en secreto para proteger su magia.

Ese tesoro es Barahonda, una bodega que conozco bien porque he probado sus vinos en más de una ocasión y todos me han conquistado por su personalidad y su calidad. Y aunque todavía no he tenido la oportunidad de disfrutar de su restaurante, no me ha sorprendido que haya recibido un reconocimiento tan importante como este. Quizá por eso la noticia me ilusiona aún más: me queda intacta la emoción de descubrirlo por primera vez.

Lo mejor de todo es que este acontecimiento no solo pone en el mapa a un restaurante: también abre la puerta a que muchos descubran una región cargada de historia, sabor y autenticidad.

Barahonda: la bodega que se convirtió en la sorpresa gastronómica de Yecla

Barahonda

La bodega, que nació como proyecto familiar en 1.925 (en ese entonces bajo el nombre de bodegas "Antonio Candela"), hace algunos años decidió  dar un salto audaz: abrirse a crear vinos de mayor calidad y un restaurante integrado en el propio espacio, rodeado de viñedos que se extienden hasta donde alcanza la vista. Lo que empezó como una apuesta valiente se ha convertido en una referencia que ahora brilla con luz propia en el panorama gastronómico nacional.

Al frente de la cocina está el chef Alejandro Ibáñez, un joven chef que trabajó en otro restaurante con estrellas que está muy cerca de Yecla. Quienes lo han probado hablan de una cocina que equilibra tradición, producto local y creatividad. Sus menús degustación son un homenaje a la tierra: platos sorprendentes y maridajes diseñados para que cada vino de la casa se exprese en plenitud. 

Y si los vinos ya eran un motivo para acercarse, lo siguen siendo con más razón. Algunos son ecológicos, todos memorables. Siempre digo que Barahonda no tiene nada que envidiar a otras denominaciones de origen más mediáticas, y lo sigo defendiendo sin pestañear. Sus tintos potentes, sus blancos equilibrados y la intensidad de la Monastrell son el tipo de vinos que convierten una copa en un homenaje a los sentidos.

Yecla, un municipio que bien merece una visita

Imagen | Turismo Región de Murcia

Aunque la bodega y su restaurante brillan por sí solos, sería un error viajar hasta Yecla y no perderse por el propio pueblo. Merece la pena pasear entre sus edificios históricos, muchos de ellos ligados a siglos de tradición. Uno de los imprescindibles es la Basílica de la Purísima Concepción, una joya arquitectónica coronada por una cúpula azul inconfundible. Cada vez que la visito me impresiona cómo se eleva sobre el casco urbano, elegante y serena, guardando en su interior un patrimonio que combina arte, devoción e historia local. Es ese tipo de monumento que te recuerda que un viaje no solo se saborea: también se contempla.

Y si uno ya está en la Región de Murcia, también merece la pena escaparse hasta las impresionantes Gredas de Bolnuevo, ese paisaje casi lunar que parece esculpido por capricho del viento y el tiempo. Quizá por eso Barahonda encaja tan bien en este entorno: porque, igual que estos lugares singulares, combina humildad, tradición y un orgullo silencioso que conquista sin hacer ruido.

Hoy, Yecla no solo aparece en el mapa como destino enológico, sino también como parada imprescindible para quienes buscan gastronomía con identidad. Y confieso que me alegra haber visto este momento llegar. Que un pueblo tan unido al vino sea ahora reconocido entre la élite culinaria es una victoria para toda la región y, sobre todo, para quienes creen que las mejores historias también nacen entre viñedos, bajo el sol murciano.

Y lo mejor de todo es que esto no es un final. Es, más bien, el brindis inicial.

Imagen | Facebook Ayuntamiento de Yecla

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